201º fragmento -Los propósitos no necesitan que comience el año

En ocasiones, echo de menos lo que dejé de hacer por repartir el tiempo en otras prioridades.

Éstas se presentan ante mí pidiendo que las reordene y les de a unas descanso, para dejar pasar a otras que perdieron su lugar. Supongo que esto tiene que ver con lo que ya una vez advertí, demasiadas cosas me gustan, demasiados estímulos quieren captar mi atención, y se me hace harto difícil dejar pasar a aquello que asoma pidiendo su turno. Cuando esto ocurre, pongo todo mi empeño y energía con la tarea escogida, y alguna vez, puede que llegue y ocupe su lugar para no volver a marcharse.

Y todo esto, fuera del trabajo, que ya ocupa lo suyo cuando quieres hacerlo a un nivel algo más que lo que se puede considerar óptimo, y que además, si me dejara llevar por él, sería un pozo sin fondo en el que invertir esfuerzos, sueños, trabajo, anhelos, ansiedad, rezos, lloros, y muchas veces también alegrías y satisfacción. El trabajo es una obligación-prioridad, tiene que serlo, ser médico se es a tiempo completo, y más ahora que desde casa puedo consultar incluso la historia clínica para ver como ha ido el paciente que ocupa mis desvelos (esto no tiene fin).

Fuera del trabajo, decía, también hay huecos que rellenar con actividades que llenen el alma, o simplemente el tiempo de forma que haga útil su paso. Y escribiendo esto, recuerdo una vez más a Mª Carmen, que me incita a disfrutar también de no hacer nada, que es lo que más me cuesta: una posición horizontal ocupando la mayor parte del sofá con la mente pensando en nada, solamente reposando.

El tiempo, que pasa cada día más deprisa, tiene que merecer la pena ser vivido, que cada uno lo emplee como quiera. Yo necesito hacer algo.

Mi tiempo ocupado por no obligaciones está empleado prácticamente en su totalidad a la práctica del atletismo. Tal vez podría sacar un poco más de tiempo teniendo a alguien que ayudase en casa con las labores del hogar, pero por h o por b, en algún momento y casi sin hablarlo, decidimos no tener a nadie extraño en nuestra casa, mi madre fue la que nos ayudó y nos ayuda, y Alex y yo tratamos de inculcar a nuestras hijas la necesidad de que seamos nosotros, como si de un equipo se tratara, los que nos hagamos cargo del día a día de la limpieza, compras, cocina,… y todo aquello que implica que una casa sea medianamente habitable y funcional. Nos cuesta un mundo (yo soy por naturaleza desordenada), así que nuestra casa es poco probable que esté perfecta para las visitas (aunque cuando hay visitas es la vez que más cerca va a estar de la perfección).

Y todo esto para terminar diciendo que he decidido volver a leer novela. Antes me gustaba hacerlo justo antes de irme a dormir, pero ahora llego rota. Así que me acordé de mi amiga “Angui devoralibros”, que lee prácticamente en cualquier circunstancia, abstrayéndose de forma mágica de cualquier estímulo que pueda haber a su alrededor. Y así he empezado yo, a leer en cualquier lugar, en cuanto hay un hueco, ya sea terminando de preparar la comida o en los 20 minutos que faltan para llevar a las niñas al atletismo. “De ninguna parte” fue el primero, terminado justo antes de acabar el año; “La Revolución” está siendo el segundo, comenzado justo con el inicio del año (elegidos un poco al azar en mi Kindle).

Mi propósito comenzó sin esperar al 2023, porque “si lo piensas, hazlo”.

Deja un comentario