185º fragmento -Cómo afronto entrenamientos que me cuestan más

Si me das a elegir…me quedo con el lactato.

De esta forma, es fácil de entender que la pretemporada se me hace bastante cuesta arriba cuando miro el microciclo semanal que me ha enviado Roberto, y no hay nada de descansos largos, ni series intensas y cortas. Esta fase, llena de rodajes largos, controlados progresivos, series de miles, intervals… parece que nunca vaya a acabar (y eso sin hablar de que las agujetas acompañan bastantes días de la semana), y me supone un sufrimiento que antes no sabía muy bien cómo manejar para que el entrenamiento no acabara antes de tiempo en una desastrosa retirada. Ese punto de sufrimiento en el que el oxígeno parece que deje de existir… es muy chungo, pero también se entrena.

Para afrontarlo lo mejor posible he decidido hacer dos cosas:

1. No dedicarle ni un pensamiento. Llega la hora de entrenar, miro lo que toca, y me lanzo a hacerlo lo antes posible sin dar tiempo al titubeo ni a que mi sistema digestivo comience a experimentar las consecuencias de la activación de diversas vías hormonales y neuronales. Pensamiento en blanco, o en azul, y hacia delante, con una sonrisa puesta, y si puede ser, con música, que ambas cosas han demostrado disminuir la sensación de fatiga en este tipo de éntrenos.

2. No comenzar con demasiada exigencia mental, no marcarme una marca determinada desde el inicio. Si son 10 intervals de 400, no volverme loca en el primero, mejor que salga más lento y luego ir regulando, porque el objetivo es terminar y siempre habrá tiempo de ir más rápido. Si toca un 3000-1000-500… afrontar el primero de menos a más, sabiendo lo que queda después, y sin otra pretensión que no sea acabar con la sensación de haberlo dado todo en el 500 (“todo”, ese día, pero sin perder de vista que hay que completar la semana).

Esas son las dos claves que me están sirviendo esta temporada para finalizar toda la prescripción diaria. Muchas veces, comenzar encorsetada y demasiado ambiciosa la primera serie puede hipotecar el resto del entrenamiento, y esto sí que no vale.

También he aprendido que al día siguiente también hay que entrenar, y por lo tanto no todos los días pueden ser de manteca. En ocasiones tenía la sensación de aplicar a cada día el mayor de mis esfuerzos (en ese momento, teniendo en cuenta no solo la carga externa, sino la interna percibida por mí). Siempre a tope. Y esto era parecido a empezar a todo lo que diera la primera serie de una sesión, de manera que al tercer día de la semana el agotamiento no dejaba realizar un entreno específico que estaba diseñado para mejorar alguna de las cualidades necesaria para poder correr bien. Hay que mirar siempre más allá, sabiendo que la temporada es una carrera de fondo, con una estrategia, con un diseño que hay que seguir si nada lo impide, pero siempre escuchando al cuerpo, nuestro cuerpo. Y eso me parece algo que hay que aprender lo antes posible.

Hay que saber escuchar lo que te está diciendo, porque a veces pisar el freno a tiempo, o tal vez bajar solo una marcha, nos haga ganar mucho más que darlo todo en cada sesión.

Deja un comentario