61º fragmento -Temor a equivocarse… con l@s hij@s

Creer que una decisión puede ser tan vital como para determinar el futuro de nuestras hijas no puede ser más absurdo. Creer que nuestras decisiones en cuanto a la educación de nuestras hijas no va a tener repercusión en las personas que serán en un futuro cercano, también me lo parece.

Las pautas que guían cómo educamos, hablamos, empatizamos, asumimos responsabilidades, cedemos, negociamos, reprochamos comportamientos, guiamos en su camino, estamos atentos a señales que nos digan que algo no va bien con nuestras hijas las puedo resumir en lo que quiero que se conviertan: personas sanas de cuerpo y mente, responsables, empáticas, proactivas, curiosas, críticas, resilientes y felices. Y visto así escrito, todo lo que parece fácil, se hace complicado.

Martina me apuntaba el otro día como de repente todo parecía complicarse: “Antes jugábamos en el cole todos juntos y parecía que no había más. Ahora hemos cambiado los juegos por tonterías, siempre peleando por cosas absurdas como que Menganita va más con Fulanito que conmigo”. Y la cosa se complicará aun más, le digo, porque en general, las relaciones humanas son complicadas. Le aconsejo que no le de mucha importancia a esas cosas, que en dos días todo volverá a su cauce, que sea flexible con sus amigas y amigos y que no sufra por aquello que no está en su mano cambiar.

Y es que con el paso de los años vas relativizando, y las situaciones que antes te podían producir sufrimiento ahora no requieren de la más mínima atención por tu parte, porque al final, lo más importante es estar vivos y tener salud, y lo demás pues ya pasará o se asumirá.

Sin embargo, soy consciente de que esa es mi perspectiva desde mis casi 45 años (hace bastante poco que dejé de preocuparme y gastar energía en aquello que estaba fuera de mi influencia), y de que, aunque yo pueda trasladarle mi experiencia, también tengo que hacer un esfuerzo por verlo desde el prisma de los 13 o los 10 años, donde todo se dramatiza porque las preocupaciones adultas sobre salud y dinero no les concierne a ellos, inmortales y exentos de cualquier preocupación económica.

Me propongo acompañarlas en su camino, sirviendo de guía cuando crea que lo necesitan, pero sin trazar trayectos que ellas no hayan elegido. Y tengo tanto miedo a equivocarme a veces; a no haber hecho lo suficiente para que cuenten con todas las herramientas que les permita gestionar sus emociones; a ser demasiado blanda; a ser demasiado dura e insistir cuando ellas flaqueen en algo; a no ayudarlas en el camino que ellas elijan porque no haya sido el que yo habría tomado; a no ser paciente y darles su tiempo para que hagan sus elecciones llenándolas de las mismas prisas que yo tuve… A veces, muchas, me parece tan difícil ser madre y padre. Otras muchas, me siento tan orgullosa de cómo lo estamos haciendo.

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