88º Fragmento -Cuerpos extraños… en el esófago (niños hucha)

“Mire usted, esto es como una caja de sorpresas, no sabemos qué nos vamos a encontrar ni como va a ser el desenlace”

Yo estoy en un segundo plano mientras escucho la explicación que mi adjunto está dando a la paciente y a su familiar, y acabo de ser consciente, con esa frase, del peligro que entraña la exploración que vamos a realizar. Desde mi perspectiva de R2 (residente de segundo año), hacer una endoscopia no tenía por qué tener tanto peligro. Total, un tubo por la boca, por el trayecto por donde va la comida y ya está. Esa era yo de R2.

Tras casi 20 años enfrentándome a los cuerpos extraños del tracto digestivo superior, puedo decir que es una de las urgencias más odiadas, de las que te ponen el corazón en un puño (y si esto no ocurre, probablemente sea por inconsciencia).

Salía yo hacia mi casa a las 20.30 para iniciar la parte de la guardia que es localizada cuando me llamaron porque una señora se había “atrancado” con un trozo de carne. No le pasaba ni la saliva. Llamo a J, para que vaya pidiendo a la paciente de observación y la pasen a endoscopias. Ella llama: “¿Tenéis al cuerpo extraño por ahí?” Al otro lado alguien hace la broma que J no entiende en un principio: Pero cuál quieres, aquí hay varios “cuerpos extraños”.

Con estas dos palabras nos referimos a cualquier cosa que se haya quedado atrancada en el esófago. Puede ser un resto alimentario (un bolo), pero te puedes encontrar prácticamente cualquier cosa. Los más odiados para cualquier endoscopista, los bolos alimentarios con hueso y los objetos punzantes. Los más adictos a tragarse cosas que no deben, los que quieren salir como sea de la penitenciaría. En ellos te puedes encontrar cualquier cosa. Estos compiten en frecuencia con los “niños hucha”, de cualquier edad, que se tragan cualquier moneda que vean a su alcance y terminan en el quirófano intubados para que puedas sacar el dinero que quedó impactado en el pequeño esófago.

Puede ocurrir a cualquier hora del día, pero es bastante normal que la gente acuda a urgencias cuando ya estamos en casa, porque han tratado de que se les pase, y al no conseguirlo es cuando acuden a urgencias (horas después). Es por esto que en mis recuerdos sacando cuerpos extraños siempre me encuentre despertándome a deshoras con una llamada de urgencias o de pediatría, acudiendo a un hospital que duerme, y encontrándonos solos en el quirófano.

M tenía una espina de boquerón en la amígdala y decidió meterse un cepillo de dientes para rascarla y que saliera. El cepillo de dientes quedó atrapado por una arcada que le dio, quedando a medio camino entre el esófago y el estómago. Una odisea sacar aquello sin romper nada.

A acudía al hospital prácticamente cada 4-5 días porque se tragaba cuchillas de afeitar para mostrar su desesperación, su desamor, cada vez que discutía con su pareja. Era obeso y necesitábamos meter un sobretubo (una especie de manguera), para que al sacarlo no rajáramos el esófago ni nada de camino al exterior.

G, ingresado en salud mental, vomitaba todo lo que comía, era imposible saber si se había tragado algo. En la Rx no se veía nada. En la endoscopia encontramos algo atrapado en el esófago que no podía ni identificarse bien, ni movilizarlo. Tras más de dos horas intentándolo, acabó con el cuello abierto por cirugía para acceder al esófago y sacar un hueso de melocotón que a saber cuanto tiempo llevaba allí.

L acudió tres días después de Nochebuena porque desde que comió costillas de cordero no podía tragar bien. En la endoscopia se vio un hueso atravesado en la parte alta del esófago que estaba perforando la pared. La infección del mediastino ya había empezado y todos los intentos por curarla fueron infructuosos.

Y así, decenas de casos que se quedan en tu retina para siempre. Horas sacando carne de pollo atrancada (porque seguía comiendo a ver si se le pasaba), pasadores del pelo en los niños; agujas de coser; agujas de endodoncia; palillos de dientes de un pastel que se comió (o engulló) que perforó el duodeno; pata de pulpo que apenas había masticado; trozos de pincho que tragó como si fueran agua; espinas de pescado que rezas porque no esté tocando ninguna estructura vital; un reloj que el preso se tragó para salir a dar una vuelta…

De las peores urgencias, sin duda. De las que la mayoría no tienen consciencia de su gravedad: porque se atrancó comiendo y va a que se lo saquen, y no puedes esperar ni que no se pueda, y mucho menos que se complique. Pero es que son una caja de sorpresas.

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