98º fragmento -Facilitar el trabajo de los demás es un subidón

Antes de que yo abra la boca para preguntar qué tenemos hoy, él ya ha repasado la lista de cada una de las salas de endosocopias que esta mañana van a estar funcionando, sabe las pruebas que hay, cómo organizarlas para que los del hospital de día no se queden esperando, las dificultades que encontraremos según la hora que sea para bajarnos a los que están en la planta, y se encuentra dispuesto para cuando lo necesitemos. Y todo eso, con una sonrisa de oreja a oreja y la mejor predisposición que puedas esperar.

Hay personas facilitadoras que hacen tus tareas más sencillas y livianas. Según de quien te rodees, puedes tener un día desastroso, lleno de impedimentos, obstáculos, tiempos perdidos y mal humor… o todo lo contrario, que todo fluya, independientemente de que el trabajo real, el que contarás al final de la jornada, sea el mismo.

Yo quiero ser una de esas personas, con quien los demás quieran trabajar sin que les importe que lo que haya que hacer sea más o menos complicado y laborioso. Este tipo de personas propagan a las demás su buen rollo como si de una enfermedad altamente contagiosa se tratara y la productividad se multiplica al infinito.

No quiero a malhumorados desde que se levantan, que andan arrastrando los pies, con mirada cansada y morro triste, para los que cualquier cosa se vuelve un obstáculo imposible de franquear, quejándose a cada paso que dan y estando más pendientes del hacer de los demás que del suyo propio. No quiero que vengan a entorpecer lo que tengo que hacer y quiero acuerdos antes adversidades que satisfagan lo mejor posible a todas las partes implicadas (el paciente, en el centro de la decisión).

No quiero la búsqueda de cualquier excusa que justifique la vagancia que te atrapa haciendo que tu cuerpo pese probablemente el doble de lo que marca la báscula esa mañana (“es que míralo, mi compañero no se mueve”). Cuerpos y conductas que enlentecen el tiempo haciendo casi insoportable una jornada de trabajo, y mentes enfrascadas en buscar cualquier excusa para escurrir el bulto porque ya vendrá otro que lo haga.

Ese otro vendrá. Eso seguro. Y lo que para ti era insoportable, para él será un reto donde desplegar todo su buen hacer, y no limitará su cometido a lo mínimamente establecido para su puesto o su lugar de trabajo. Y conseguirá que la cadena de trabajo sea espectacularmente eficiente, que todos estén contentos, que las horas no pesen y que nos unamos sin que existan amplias barreras que delimiten cual debe ser mi esfuerzo y cual el tuyo.

Yo quiero seguir llegando a trabajar con un sonrisa puesta, un buenos días que resuene en toda la unidad de endoscopias y un vamos a empezar que motive a todo el mundo.

Y habrá días difíciles, porque no somos inmunes a los acontecimientos que tengan lugar en nuestras vidas, pero aun así, el lugar de trabajo, donde tanto y tantos esperan de nosotros, debe ser como un oasis, un paréntesis donde no llevar la pesada carga que nos apesadumbra, o por lo menos, que no nos sirva para justificar no desplegar todo nuestro poderío. Incluso esto, resultará curativo, y aliviará nuestra carga.

Yo quiero ser como él (aun no tengo foto). Yo quiero ser como ellas (no están todas las que son en la foto).

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