El deporte ha sido y es una parte esencial en mi vida.
A veces pienso que no habría podido hacer todo lo que he hecho, y sigo haciendo, si mi vida no hubiera ido ligada a la actividad física.
Heredé de mi padre la creencia de que es tan esencial como cultivar la mente, y no hacerlo, no entraba en sus planes, y más tarde no entraría en los míos.
No somos seres sedentarios, aunque se empeñen en que lo seamos.
Sin actividad física perdemos hueso, estamos malhumorados, tendemos a la obesidad, y con ella a todas las enfermedades silenciosas que se han ido normalizando en nuestra sociedad hasta el punto de considerarnos sanos cuando no lo estamos (diabetes, hipertensión, artrosis, cáncer…)
Entramos en un círculo vicioso en el que empeoramos nuestra calidad de vida haciendo más difícil que nos planteemos movernos…. Y volvemos a empezar.
Así que, aunque estemos hartos de escucharlo no viene mal que se repita: ¿Deporte en nuestra vida?: Sí, siempre.
Son innumerables los beneficios de su práctica y cuenta con muy pocos perjuicios: quizás la adicción (por esa maravillosa secreción de endorfinas y serotonina que nos hacen sentir tan bien), y las lesiones derivadas de su práctica (así que siempre tendremos que hacerlo con cuidado y asesorados por aquellos que saben).
Sería ideal que promoviéramos estos hábitos desde la infancia para tener los pilares de unos futuros adultos sanos.
¿Qué deporte puedo practicar? El que te guste. Pero para ello tienes que probar.
Estoy convencida de que como padres tenemos el deber de que nuestros hijos prueben diferentes deportes, para que así cada uno pueda encontrar su sitio. Nunca sabremos de las habilidades de nuestros hijos si no dejamos que nos las muestren, así que pensemos en poner su techo lo mas alto posible, para dejarlos crecer tanto como ellos puedan y quieran.
No hay que abandonar a la primera de cambio.
De mis tres hijas, todas, en más de una ocasión, han dicho que no querían ir al colegio (y no por ello dejé de llevarlas). Eso lo tenemos claro casi todos los responsables de la educación de nuestros hijos e hijas.
Creo que Daniela, la mayor, lloró en casi todas las carreras en las que participó durante su primer año practicando atletismo (creo que no sabía gestionar los nervios que sentía). Ahora, no solo gestiona esos nervios cuando tiene una competición, sino que esto le ha ayudado para disminuir la ansiedad o el estrés en relación a los exámenes o cuando tiene que exponer en público. El aprendizaje se trasvasa.
Martina encontró en natación el deporte que más le gusta después de repetirme durante varias semanas que no la llevara más. Ahora apuesta por el vóley con más vehemencia todavía.
Tal vez lo difícil sea saber hasta donde aguantar, pero ofrecerle alternativas siempre es una buena opción (deporte sí, ya tú eliges cual).
Creo que, para ellos, como para nosotros, lo “mejor”, o lo más fácil, es no salir de su zona de confort: en casa con la televisión y los dispositivos electrónicos. Tal vez así también nuestros días serían más sencillos, dejaríamos de ser taxistas e ir con prisas a todos sitios, pero hemos optado por “obligarlas” para que sepan que hay vida más allá de esto que nos atrapa, con el absoluto convencimiento de que serán más sanas y felices.
Hace tiempo que dejó de ser obligación.

