349º fragmento -Sigue remando

Dejé de estar enfadada.

Una cosa es predicar con palabras, y otra, con el ejemplo.

A medida que pasaban los días de esta pretemporada infinita seguía sin encontrar el sitio que creía que merecían mis rodajes, los tiempos de paso de los ritmos controlados progresivos, o los metros a meter en un intervalo de 3 minutos. Terminaba enfadada, descontenta por no poder, con la sensación de que, de repente, sin previo aviso, hubieran llegado todos los años que hasta ahora mantenía a raya al otro lado de la puerta, para acabar con mi estado de forma.

Lo peor de todo es que empezaba el entrenamiento enfadada, echando mano de la disciplina, porque la fuerza de voluntad hacía tiempo que se había ido de la mano de la esperanza de volver a entrenar lo bien que yo creía que podía. Caminaba hacia el estadio acompañando a Daniela, pensando solamente en terminar el entrenamiento, sin ninguna pretensión, sin mirar cronómetro, solamente corriendo por las sensaciones tan pésimas que me acompañaban, alejada de ella, que sigue subiendo como la espuma.

“Avance lento, pero avance” Me repetía a mí misma, pero con poca fe, entre triste y enfadada.

Mi trabajo se ha multiplicado.

Dejé de tener reducción de jornada y los días de doblaje maratoniano vinieron para quedarse. Imposible entrenar en esos días.

El descanso se ha hecho más escaso, así que decidí dejar de enfadarme por no entrenar los días que trabajaba mañana y tarde hasta las tantas para tomármelo como un respiro. Y empezó a funcionar.

Dejé de centrarme en el dolor que se concentra y dispersa de forma aleatoria por todo mi miembro inferior izquierdo, que cambia de intensidad de forma caprichosa, que acorta mi zancada a veces, que me sirve de excusa otras tantas. Dejé de pensarlo. Corrí centrándome en hacerlo bien, lo que pudiera, poco a poco.

Hice los ejercicios, sí, esos de movilidad de cadera, de estiramientos, de fortalecimiento, de todo lo que pudiera llevarme a equilibrar lo que por algún motivo se ha desequilibrado.

Dejé de tener tiempo para preocuparme por mucho más.

Dejé de comparar mis entrenamientos con los del año anterior y fui mirando semana a semana, de lejos, y solo así me di cuenta de que progresaba, de que tal vez no con la idea que yo tenía en mi cabeza sobre como debería de ser el progreso, pero sí pude ver que las semanas posteriores siempre fueron mejores que las anteriores. Y al darme cuenta, empecé a sonreír y enfadarme un poco menos.

Y al enfadarme un poco menos, empezaron a salir mejor las cosas. Mi rodaje del lunes me sorprendió, el del martes más aun, el interval del miércoles de 300 ni por asomo habría pensado poder hacerlo así. Ayer el mexicano (fartleck) me regaló completar algo más de 7 vueltas (unos 4.200 m en 16 minutos), y hoy me esperan los miles.

Y el cambio ha sido sobre todo de actitud.

He dejado de enfadarme y he comenzado a disfrutar otra vez de los pequeños logros, y así, los logros se han ido haciendo más grandes.

Ayer fue la primera vez que fui con ilusión real y ganas a entrenar en mucho tiempo, después de los 300 del miércoles. Empecé el fartleck con la mejor de las predisposiciones, acompañada de Inda. Y me salió calcado al del año pasado.

Ya he llegado donde quería estar para seguir avanzando, pero os prometo que ha sido difícil.

Todo es sencillo cuando viene de cara, pero cuando no, cuando la mente falla, cuando solo buscas porqués y no los encuentras, no queda otra que seguir remando con la esperanza de que todo cambiará.

Sigue remando.

1 comentario en “349º fragmento -Sigue remando”

Deja un comentario