379º fragmento – ¿Sacrificio? Inversión.

“No le digas al niño que tiene la oportunidad de hacer marca para ir al campeonato de Andalucía que yo no pienso llevarlo a Sevilla. Solo faltaba, estar todos los fines de semana enganchados con tanto campeonato. Además, que el niño se pone nervioso y yo lo único que quiero es que se divierta, que se divierta corriendo, que vaya tranquilo y no se canse”.

Mientras tanto, yo estoy viendo como Claudia (9 años) hace unos progresivos entre pirueta y pirueta con sus amigas, 5 minutos antes de correr. Ahora intentan un pino puente. Ahora están agarrando las piernas de otra que está un poco más avanzada en esto de los movimientos gimnásticos. Están en tirantes y pantalón corto y no tienen frío. Es enero en Almería, con un sol de invierno que calienta poco, y un airecillo que tiende a ser viento que ellas ni si quiera notan.

“¡Madre mía!, la pasada de beber vino que me pegué anoche. Es que no lo puedo evitar. Me encanta el vino”, dice un padre.

Van a salir los niños. Luego les toca a ellas, que siguen a lo suyo, mientras la mayoría de padres solo piensan en que tarde se va a hacer para irse de cervezas.

Preparados, listos… y suena la pistola. 60 metros que terminan en menos de 11 segundos. Luego les tocará el 500.

Ahora ellas. Atentas. Sonriendo en la línea de salida. Claudia me echa una mirada cómplice hacia la grada. Le he dicho que concentrada en la salida, que en un 60 es muy importante cómo salga. En el listos ya se concentra, y con el disparo sale corriendo con la vista puesta en el obstáculo que está más allá de la línea de meta. Salgo corriendo hacia ella y ella hacia mí una vez que ha llegado, más feliz que una perdiz.

En 30 minutos correrá el 500. Martina comienza a saltar pértiga 10 minutos después. A las 15.30 h saldremos para Antequera para correr Daniela y yo en el Indoor Match.

En el calendario están marcados todos los fines de semana de aquí a mediados de marzo con eventos deportivos que vamos integrando a la vida en familia, a las obligaciones por trabajo, a los cursos bilipancreáticos…

“Al próximo control no vendremos todos los del grupo, es el cumple de una de las niñas y no podemos”. Y yo pienso en todas las horas que tiene un sábado, e incluso en los dos días que tiene un fin de semana. Y pienso, además, en cómo nuestras prioridades van construyendo nuestra vida y la vida de las que por suerte o por desgracia nacieron en nuestra familia.

Me siento orgullosa de nuestro camino y de haber hecho lo que muchos verán como un sacrificio.

Nuestra vida supeditada a los entrenamientos y las competiciones.

Nuestra vida supeditada a un crecimiento dentro de unos valores que son fáciles de encontrar en estas circunstancias, con amistades sanas, con quedadas alejadas de alcohol, vapers, tabaco, videojuegos y fiestas hasta las tantas los fines de semana.

Una vida construida en torno a la filosofía del esfuerzo, a la superación, a la resiliencia, al aprovechamiento, a saber levantarse por mucho que te caigas, a disfrutar del camino y llorar lo justo cuando las cosas no salgan, a valorar lo conseguido, a luchar por ser mejor cada día…

Hemos invertido mucho tiempo y dinero en hacer del deporte una de las partes más importantes de la vida de nuestras hijas.

No solo no nos arrepentimos. Después de 17 años seguimos convencidos de que el camino elegido no pudo ser más acertado.

Sigamos caminando, y que siga la fiesta.

En un rato, nos ponemos los clavos en Antequera.

Estoy un poco nerviosa😜 .