“¿Conocéis a esa atleta máster almeriense?, eso es un ejemplo de un talento innato para correr”. Lo ha dicho un profesor en una clase sobre mediofondo en el curso de entrenadores nacionales de atletismo en el centro de alto rendimiento de Madrid. La atleta de 43 años, acaba de realizar una marca de 2.12.68 en 800 (ahora ya tiene 2.09.88), consiguiendo así el pase al Campeonato de España Absoluto en la pista de Vallehermoso de Madrid, la pista renovada en verde, en el lugar donde ella había entrenado los tres últimos años de la carrera cuando aun tenía su tartán original. Volvería a ella unos 20 años después, en un evento televisado, en plena pandemia, para correr con atletas afincadas en la década de los 20.
20 años antes. Había empezado cuarto de carrera, y de repente las exigencias académicas parecían haberse relajado (o ella se relajó). Las tardes estaban libres en su mayoría, y el hecho de salir a las 15h del hospital le dejaba muchas horas por delante (libres del todo no, que había mucho que estudiar). Así que, viendo el hueco, una vez consultado con un entrenador que había terminado en Almería tras estudiar INEF en Madrid, decidió presentarse en la pista de Vallehermoso en busca de quien desde la meta daba instrucciones a varios grupos de entrenamiento, con al menos dos cronómetros en sus manos.
Inconfundible solamente con esas instrucciones. Al lado de la escalera de jueces estaba Guillermo. Se presentó, le habló de sus antecedentes como atleta de pruebas combinadas, y le dijo que ella lo que quería era correr 800 (llevaba 3 años sin entrenar). “Pues si que es raro, una atleta de combinadas que quiera correr un 8”. Ya, pero es que ella era una atleta de mediofondo a la que dirigieron a combinadas. Ya era hora de sacarse esa espinita. “¿Empiezas hoy?” Vale. “40 minutos de carrera continua y luego te unes al grupo” (40 minutos de ejercicios variados dirigidos). Cosas de la pretemporada. “Y ahora vas a hacer un test de 300, para que te vea”. Ella ya no podía con su vida. Fue a la salida de 300 y con sus zapatillas poco especializadas y menos aun acostumbradas a correr, hizo la recta-curva-recta en unos 48 segundos. “Pues no corres mal”. Tenía 21 años.
Con 4 meses de entrenamiento fue subcampeona de España en la categoría promesa y se quedó a solo 6 centésimas de pasar a la final del campeonato de España Absoluto. Hasta ahí le llevó su talento. Bueno, a un poco más, porque al final de los tres años entrenando con Guillermo conseguiría una marca de 2.07.97 en su última carrera como atleta. Había pensado que ahí estaba su techo hasta que leyó la evaluación que su entrenador hacía de ella a instancias de la federación andaluza, donde pronosticaba un 2.03 para el año siguiente si la chiquilla conseguía un compromiso mayor con los entrenamientos. Y le dio vértigo. Hasta donde estaba había llegado con las facultades encriptadas en su ADN; para seguir avanzando, necesitaba un compromiso mayor. Al final los talentos se igualan, y gente con menos facultades innatas y más capacidad de trabajo te pasa por encima.
Su compromiso por aquel entonces era como el río Guadiana. No renunciaba a una fiesta de la facultad o a un viaje con los amigos (salvo que hubiera competiciones importantes a la vista). El pronóstico de Guillermo la enganchó, la comprometió, e hizo que se quedara en Madrid solo con la idea de entrenar como nunca antes el año que preparaba el MIR (eso se convirtió en un objetivo secundario). Nunca había entrenado de forma tan regular y tan buena, y eso se iba notando en su cuerpo y en los tiempos de sus series.
No lo pudo demostrar.
Tres semanas antes del MIR y de las principales competiciones de pista cubierta la gripe se hizo con ella y no la abandonó en 10 días. Le dio miedo. La tercera vuelta del estudio del MIR echada a perder; el periodo competitivo también. Nadie sabría lo bien que estaba entrenando, ni la nota del examen reflejaría todo lo que ella se había esforzado. Entre la conjuntivitis y las lágrimas por la mala suerte se desvaneció la determinación por ser atleta y se sembró la duda. Todo le pareció tan efímero… que lo más sensato, en aquel momento, fue hacer la especialidad.
El talento puede ser tu peor enemigo, puede convencerte de que no necesitas trabajar por haber sido tocado con esa varita. Pero ojo, eso solo es una pequeña ventaja que hay que estar dispuesta a aprovechar.
Claudia deja siempre para el final las fichas que tiene que hacer del cole. Lo hace porque puede. Tenemos que echar pulsos con ella para que se organice. Estamos regando a esta maravillosa planta de 5 años.


Admire tu comportamiento en esos pocos años y admiro tu determinación de ahora. Y que sigas.
Gracias Guillermo!! Para mí fueron unos años muy bonitos. Me acuerdo mucho de ti. Seguiré aprovechando esta ola mientras dure. 😘😘
Alejandra