Hay personas que pasan por tu vida a las que nunca olvidarás, porque pareció que las conocías desde siempre cuando compartiste solamente un instante. ¿No os ha pasado? Es como si un lazo invisible te uniera con alguien, haciéndote sentir como en casa. Entre ellas no hay reproches, ni juicios de valor, no hay malentendidos ni envidias… solamente una admiración mutua.
Recordando de nuevo a Brian Weiss y su teoría sobre los racimos de uvas, según la cual nos reencarnaremos siempre rodeados de las mismas almas, aunque en diferentes cuerpos (es que no lo puedo evitar, me encanta creerme esto)… En esos racimos habrá tres o cuatro uvas que tengan una relación mucho más trascendental. Puede ser tu pareja, un amigo, tu hijo, tu madre, una persona con la que te encontraste en un viaje… No sabemos donde la habrá situado el azar en esta ocasión.
No tengo ni idea de lo que significa tener un alma gemela, pero sí que he sentido esa conexión inexplicable de la que habla el psiquiatra, donde apenas necesitas hablar para que sepan lo que estás pensando, donde el abrazo irá más allá del efecto físico de presión, los ojos se reconocerán más allá de la superficie de nuestra córneas y hablar con ella te proporcionará el mayor consuelo cuando lo necesites (y aunque no lo necesites). No tiene nada que ver con el enamoramiento, porque éste puede ser transitorio, pero esa relación será para toda la vida.
Hablo con ella de tarde en tarde. La conocí cuando yo tenía 16 años, y es raro que nos veamos aunque no vivamos a más de 1 kilómetro de distancia. Hubo un tiempo en el que solo nos llamábamos en cumpleaños y Navidad. Ahora las llamadas son más frecuentes, aunque estoy segura de que mucho menos de lo que nos gustaría a ambas. Acaba de cumplir 88 años de una vida de lucha y de optimismo a pesar de todas las circunstancias adversas que le ha preparado el destino. Mujer culta, inquieta, fuerte, y adelantada a su tiempo. Una de sus mayores penas quizás sea estar encerrada en un cuerpo que no le ha permitido hacer deporte (le gustan todos). Tiene reflexiones de alma vieja a pesar de que podría tener 30 años si no pudieras verla ni percibir el peso de los años en su voz. Tiene días flojos, de cansancio que la abruman y la embargan en un pesimismo que será más o menos transitorio, arrastrando un corazón que auguraban que no duraría mucho cuando aun era una niña (menos mal que se equivocaron).
Es una mujer valiente, que se sobrepone al instante (bueno, a veces le cuesta un poco más), con escasos miedos y con unos labios pintados con un rojo carmín que no corresponden a su edad pero que la hacen verse magnífica cuando se refleja en el espejo. No se cree su edad. Yo tampoco.
Me siento muy afortunada de conocerte, porque tienes el poder de hacerme sentir bien solamente con pensar en ti. Estoy segura de que esto no solo me pasa a mí, así que, afortunados los que están a tu alrededor, Juana.
Felicidades, por esos 88 años perfectamente aprovechados. Te quiero.

