275º fragmento -Y si crees que eres capaz…

Antes de la pandemia, ni me planteaba hacer una mínima para el nacional absoluto. Yo corría a duras penas en torno a 2:25 y las marcas de participación estaban en 2:15 en pista cubierta y 2:13 al aire libre. Me acuerdo de que pensaba que estaban un segundo más fáciles que cuando yo correteaba con mis veintipocos años por Vallehermoso en Madrid.

Cuando empecé a entrenar con Roberto Izquierdo justo antes de la pandemia (una semana antes del confinamiento), di un salto en mis marcas que no me podía creer. Corrí con cierta facilidad en 2:18 y poco después en 2:17… y nos encerraron. Mi cinta de correr llegó justo antes de que solo pudiera salir a la calle para ir a trabajar al hospital. Y sin embargo, yo empecé a pensar que tal vez podía seguir mejorando, y de alguna forma, sin saber que iba a pasar en el verano, me planteé que tenía que conseguir correr por debajo de 2:13 para ir al nacional absoluto, y eso se dibujó como mi objetivo en el horizonte, donde yo miraba cada vez que levantaba la cabeza y conseguía sacar un entrenamiento adaptado a la cinta de correr que nos costó la misma vida subir al cuarto piso y montarla en la terraza cuando la dejaron en el portal.

Recuerdo la primera salida a la calle tras el confinamiento, el primer entrenamiento por el parque al lado del Andarax, el estadio cerrado, y más tarde con restricciones para entrar, la primera carrera de 800 m post confinamiento en Estepona, 8 de agosto de 2020, un 800 por calles (todo el 800) en el que me pusieron mal la compensación y corrí casi 8 metros de más, y aun así, mejoré mi marca.

El campeonato de España Absoluto se trasladó a septiembre, en Vallehermoso, la pista verde, mi antigua pista de entrenamiento mejorada… y, de repente, las mínimas se hicieron imposibles. Querían pocos participantes, nada de público, medidas de seguridad como nunca antes se habían visto. 2:09.50 pusieron para el 800. Yo acababa de correr en 2:13, batiendo el récord de España F40 en Huelva, donde había ido buscando una carrera que hacer. Y pensé, pues vamos a por el 2:09.

Entrené todo el mes de agosto buscando las mejores horas del día. Estábamos en Cabo de Gata y madrugaba cuando tocaban rodajes, y me acercaba a Almería para hacer las series por la tarde-noche cuando era eso lo que había que hacer. Había pocas carreras. Busqué un control, y lo encontré en Madrid, en Alcobendas, la última oportunidad. No fue un 2:09, fue un 2:12.64, pero fue suficiente para entrar en la repesca e ir al de España absoluto en Madrid. La atleta más veterana del campeonato, con 43 años recién cumplidos.

Las mínimas de participación solo volvieron a ser como antes para el de España en pista cubierta y, posteriormente, volvieron a hacerse inalcanzables.

Inalcanzables. Y sin embargo, no lo son. En el 800 nunca se había visto antes en España a tantas mujeres bajando de 2:10. Recuerdo que ir a un Campeonato de España con esa marca te daba opciones de entrar en la final, ahora tal vez ni vayas a las series clasificatorias.

Si te piden un 5, ¿irás a por el 5?. Si te piden un 7, ¿irás a por el 7?

Da que pensar. Las atletas se establecen como objetivo estar en el Campeonato de España como si fuera el mayor de sus logros, y han sido capaces de correr más rápido para conseguirlo cuando han bajado las marcas de acceso. Es como si hubiera un efecto llamada. Tienen el talento, y tienen que trabajar mejor y/o más para alcanzar su objetivo. Y son capaces, han visto que lo son. Y si la de al lado lo hace, ¿por qué yo no?

En mi cabeza de casi 46 años tengo puestos unos límites. No me había pasado hasta ahora. Este año estoy más dispersa, no tan centrada en entrenar o competir, con muchas cosas que hacer y que querer hacer… y siento, que aunque esté entrenando bien, tal vez mi cuerpo ya no pueda dar lo que dio hace dos años (2:09.88) o el año pasado (2:10.36).

Y sin embargo, hoy saldré pensando en bajar de 2:10 en el mitin de Granada, Paco Sánchez Vargas, si la lluvia no lo impide.

Porque mejor pensar que sí somos capaces.

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