321º fragmento -Viajes locos deportivos

Este es mi sitio. Anda, quítate de aquí. Entra por la otra puerta. ¡Mamá, Martina me está empujando! ¡Mamá, Claudia es una pesada y no para de hacerme cosquillas!, y a mí ni gracia que me hace. Pero que niñas más pesadas, ya se podían haber quedado con la abuela. ¿Dónde está el cable del ipad?

No quiero saber nada, miro al frente, y cierro oídos.

Dile algo, mamá, que no me deja.

No hace ni un minuto que hemos subido al coche. Ni si quiera hizo falta subirse para que empezara el guirigay de acusaciones por el comportamiento de la de al lado. Las tres se quejan, las tres esperan que de alguna forma los adultos responsables pongamos paz y atajemos las cosquillas, los empujones, los pellizcos, los gritos, la retaíla de tonterías que se dicen las unas a las otras… y yo solo pienso: aquí se tenían que haber quedado. Y recuerdo mis viajes en soledad en pandemia, sin ruidos, sin gritos, sin continuas interrupciones, con mi música favorita de fondo… y tan aburrida.

Los preparativos para el viaje que surja a menos de 3-4 horas de casa para ir a una competición se acortaron y casi se hicieron de manera automática. Ropa, comidas, mochilas, bebida, cámara de fotos y vídeo… todo amontonado en la puerta de la casa para salir. Lo difícil es arrancar a las dos pequeñas de lo que estén haciendo, sobre todo si están en vacaciones, con el cuerpo descansado y conectadas en red con las amigas del cole y de atletismo jugando al roblox (creo que se escríbele así).

Al final, la táctica fue ir poniendo tiempos para finalizar tareas que repito en voz alta cada 5 minutos como si se tratara de una cuenta atrás ineludible que poco a poco las va poniendo nerviosas. A veces Siri me ayuda.

Abrir la puerta cinco minutos antes de salir también funciona, porque el sonido del pestillo las desconecta de lo que estén haciendo. Los vecinos puede que no estén contentos escuchándome a mí: coged abrigos, lo que os queráis llevar para entreteneros, que no se os olvide el destroza mi diario, que Anita se lo lleva también, los dientes, ¿os los habéis lavado?… esta última pregunta tengo que hacerla mirando fijamente la cara de Claudia, que con una sinvergonzonería socarrona dirá un sí que seguramente encubra un no solamente detectable si observas el cambio de brillo de sus ojillos y la aparición de los hoyuelos que me vuelven loca. Luego se reirá. Anda, tira, lávatelos que se te van a caer todos de puro negro que se van a poner.

Echaré de menos las alocadas salidas, lo sé. Igual que ahora las echo de más.

Ayer, toda la tarde tiradas en Nerja. Menos mal que Daniela y yo competíamos de las primeras.

El estadio E. López Cuenca se ha convertido casi en una casa para nosotras, tan conocido, que las niñas campan allí a sus anchas jugando, corriendo, animando… Acompañó el día. Un 3 de Enero con una temperatura primaveral que asusta de puro bueno. Las mantas, que también echamos, solo hicieron falta durante un par de horas, cuando cayó el sol, para después volver una temperatura inesperada en las horas de la noche.

Volvimos tan felices. Con dos mejores marcas personales en nuestras piernas en un 3.000 que nos asustaba a priori.

Cansadas pero felices. Eran casi las 22 horas cuando arrancamos el coche después de ver a Rafa dar sus doce vueltas y media haciendo marcha atlética. Cruzamos los dedos para que no se nos encendiera de nuevo el fallo motor que nos trae un poco locos. Cruzamos los dedos. Fuimos ajustados a los límites de velocidad, pidiéndole poco al coche.

Antes de aparcar en el garaje de casa ya íbamos dando instrucciones. El pijama y a la cama. La que quiera leche que lo vaya diciendo, que luego no hay vuelta atrás, que ya os conocemos, que sabemos todos vuestros trucos para retrasar el momento del sueño. Se ríen. Hacen caso. Se han portado tan bien…

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