320º fragmento -Buscando el sentido: el destino y las metas volantes. Propósitos de año nuevo.

El día 1 de enero lo dejé pasar pensando en que tendría que retomar esto de escribir casi sin control de los pensamientos, tirando del hilo del primer recuerdo del día o de aquello que por algún motivo me hubiera llamado la atención.

Llevo meses evitando abrir el ipad, para hacer una escritura casi automática que no vaya más allá de los 20 minutos frente al teclado.

Se agolpan los buenos propósitos de los demás.

Yo aun no escribí mi lista.

Y es que de un tiempo a esta parte, aprendí a reescribirla prácticamente a diario, haciendo una autoevaluación casi constante de como ir dirigiendo mis pasos, pero siempre con un objetivo único y general en el horizonte.

Mis objetivos están marcados para lo que me queda de vida, que espero que sea mucha y de calidad (yo mi parte la voy haciendo). Solo hay que establecer metas volantes que sirvan como premio, o como impulso, o como motor, para seguir caminando.

Ayer vimos una película española en familia que transcurre en el piso de unos amigos. Uno de ellos se había suicidado 6 meses antes estrellando su furgoneta a todo lo que daba contra un muro. Los amigos se reunían citados por el hermano del suicida para cumplir su última voluntad. Se le acabaron las ganas de vivir o se le hizo demasiado pesada la vida, de forma incomprensible para los demás.

Es curioso como la vida se nos puede hacer cuesta arriba en algún momento, sobre todo cuando dejas la niñez y empiezas a adentrarte en la adolescencia, en la edad adulta, en la madurez… cómo los problemas que antes te parecían trascendentales e insalvables, a toro pasado, parecen auténticas tonterías a las que ni siquiera ahora les prestarías atención, y sin embargo, fueron tan importantes cuando apenas intuías que algún día pudieras ser adulto…

El suicida, con complejo de Peter Pan, no soportaba la idea de asumir las responsabilidades que el avance inexorable de los años le iba requiriendo, y decidía dejar de sufrir, y dejar con un sufrimiento infinito e insalvable, y por los siglos de los siglos a sus padres y hermano, tal vez menos dolorosos para los amigos.

La vida, en circunstancias parecidas, puede ser un lastre para unos y una fiesta para otros. Incluso en distintos momentos, con los mismos problemas en el horizonte, será más o menos llevadera para una misma persona, con mañanas en las que te levantes de la cama llena de energía apenas suene el despertador alternando con otras en las que te pesará el cuerpo y no querrás poner un pie en el suelo, con periodos en los que todo tendrá sentido, y días en los que nada lo tendrá… Por todo ello creo que es importante saber cual es tu rumbo, aunque zigzaguees y te entretengas por el camino, aunque des mil vueltas y te equivoques.

Escríbelo. No hay nada como volver a leer lo que una reflexionó en un momento de mayor o menor lucidez.

El destino no se establece con el año y se termina a mitad de camino antes de que acabe enero. El destino no es inamovible, pero quizás debiera variar poco para no ir dando demasiados tumbos. Las metas volantes son más flexibles, pero requieren de un compromiso para que no se desvanezcan a la primera de cambio. Establecer el destino requiere de un tiempo de introspección, de analizarnos, de preguntarnos qué es lo que realmente queremos, aunque sea para tener una burda idea que haga que todo comience a tener un sentido.

Y sin embargo, continúo escuchando propósitos de primero de año que me parecen tan incompletos y pobres…, y casi todos relacionados con la salud, con aumentar la actividad física, con adelgazar para un evento en mayo, con dejar de fumar sin esfuerzo…

Si no empezamos por la base, cómo vamos a poder luchar por objetivos más altos.

En voz alta a mí me gustaría más escuchar, “este año, voy a cuidar de mí”. Ese sería el compromiso real. El resto: adelgazar, hacer más ejercicio, no fumar, comer bien… son metas volantes.

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