Ya dije que hace tiempo que no digo que no. No lo digo de primeras.
Parece que se trata de un perfil masculino. Los hombres aceptan, y ya verán después como resuelven los problemas que surgen. Nosotras, por lo visto, tenemos que tenerlo todo atado para tirarnos a la piscina. Odio las generalizaciones, pero algo de verdad habrá. Dicen que se basan en estudios, de por ejemplo, ofertas de empleo. En ellas, el 50% de los hombres que echan para esa oferta no tendrán los requisitos mínimos indispensables, mientras que ellas los cumplirán a rajatabla en más del 70% de las solicitudes presentadas. Tal vez un miedo al que dirán, al rechazo, al ver que me van a decir si trato de engañar… y por lo visto también, así perdemos oportunidades.
Yo ya digo a poco que no. Si hay una oferta interesante echa para adelante y luego… ya veremos.
Hace una semana se puso en contacto conmigo un irlandés que lleva un podcast sobre atletismo máster porque quería saber si querría aceptar una entrevista por el reciente récord del mundo F45 en 800 m indoor. En mi cabeza sonó el ni de coña, yo hablar en inglés, tan oxidado y olvidado como lo tengo, imposible, ni hablar, bueno, quien sabe, puede que sí me pongo a practicar, tal vez si me dijera las preguntas y yo pudiera ensayarlas, alguna coletilla, voy a ver si llamo a Beatrice y hace un milagro, a ver que se le ocurre a ella, voy a volver a escuchar la BBC a ver que entiendo…, total, que le dije que of course, y estoy a una semana de tener que contestar en inglés a un irlandés que no sé si entenderé. Ahí ando escuchando sus podcast anteriores.
En estas dos últimas semanas, he ido a la gala MIA como candidata, he moderado una mesa en el curso sobre disección en endoscopia en el hospital de Poniente, he escuchado a las mujeres en el encuentro mujer y liderazgo andaluz, he dado una charla (experiencia personal) en mi hospital el día de la mujer, he recibido el galardón a la mujer referente del año en el área de Deportes en el Círculo Mercantil, he inaugurado unas miniOlimpiadas en el colegio Indalo, he hablado para los de quinto y sexto del colegio de mis niñas y, junto a Blas y Juanjo, le hemos organizado unas pruebas para jugar al atletismo en el patio, he ido al Instituto Al-Andalus para una mesa redonda dirigida a los alumnos de ciclo, cuarto de la ESO y bachillerato… Y en todo, absolutamente en todo, he disfrutado como jamás hubiera pensado que lo haría. Pero para hacerlo, para no quedarme afónica solamente con pensar en lo que tenía por delante, antes he tenido que desprenderme de algo, o de muchas cosas. Para poder vivirlo como lo he hecho, dejé aparcada al inicio del camino la inseguridad, el estrés por creer que no lo haría bien, la súper exigencia y el no creerme capaz. Me dije: camina y ya está, porque seguro que saldrá bien, o por lo menos mucho mejor de la catástrofe que estás urdiendo en tu cabeza. Así que no tuve más remedio que aplicarme mi propio cuento, el que yo les cuento a mis hijas cuando les digo que sean valientes y capaces, porque todo es difícil hasta que se hace.
Aurora decía (no mi Aurora enfermera, sino una Aurora que conocí hoy en el instituto, una mujer fuerte y emprendedora, luchadora y capaz), que había hecho una torta, y se le había quemado y buscó a su madre pidiendo ayuda cuando era una niña, y su madre le dijo, cuando hagas 12, seguro que ya te sale bien.
Mi Martina, mi niña mediana, la que tiene una mente más inquieta que el cuerpo, ya hace las galletas con pepitas de chocolate mejor que yo.
Todo es imposible hasta que decides intentarlo. Di que sí, y luego, ya veremos como lo hacemos.

