Sentada frente al alumnado del instituto, en una mesa redonda organizada por el centro, titulada “mujeres influyentes”, me sentí tremendamente feliz.
Ayer yo era ellos. Ayer, no hace más, como si el tiempo entre medias no hubiera existido y yo estuviera sentada en el salón de actos de mi instituto para recibir el escudo de oro. No recuerdo haber tenido ningún acto parecido al de esa mesa redonda, donde además, coincidiendo con los actos del día de la mujer, nos habían juntado a tres dispares para hablarles un poco de nosotras, y tal vez, despertar un poco de algo, de chispa, de motivación, de lo que sea… Algo con lo que, esa mayoría que no levantó la mano porque aun no tiene claro que quiere ser, se pudiera sentir tal vez identificada y aliviada, porque aun había esperanza para su futuro, porque otras antes que ellos y ellas habían sentido exactamente lo mismo, o parecido. Miedo.
El camino se hace andando, y encontrar aquello que te apasione tanto como para que tire de ti como la zanahoria del burro, no es tarea sencilla. Y menos ahora. Demasiada oferta, demasiados estímulos, demasiado acceso a casi todo y a muchas mentiras, a muchas promesas de éxito inmediato y poco esfuerzo, a fines en mente equivocados, a la búsqueda del éxito en lo más superfluo e insignificante…
Yo fui ellos, con las mismas dudas, pero pude elegir. Pude elegir cualquier cosa. Pero ni si quiera eso te asegura el mejor de los caminos, ni si quiera poder elegir lo que quieras te garantiza el éxito en la vida, sobre todo cuando eliges sin estar segura. Y sin embargo, con ese temor a equivocarte, das el paso, avanzas, tanteas, y haces todo lo posible para que con esos limones te salga la mejor limonada del mundo. O tal vez no, y tienes tan claro que nunca te saldrá una limonada en condiciones que das media vuelta para seguir buscando otra cosa que no sean limones.
“Fácilmente apasionable”, dicen que soy. En parte me gusta escucharlo, porque es medio cierto. Tal vez no sea una pasión arrolladora y duradera, pero tengo esa virtud, amar lo que hago, emocionarme fácilmente casi con cualquier cosa. Y resulta más sencillo cuanto más sabes, cuanto más investigas, y más tiempo le dedicas. En contrapartida, por ahora, nada me ha atrapado de tal manera que me haga mirar solo en un dirección. De la misma manera no tengo tampoco convicciones inamovibles, me gusta escuchar todos los puntos de vista, y difícilmente defenderé a muerte una idea, porque creo que nada es cierto del todo.
Sentada frente al alumnado, al lado de otras tres mujeres, me pareció que realmente todas éramos inspiradoras. Hay muchas personas inspiradoras que nunca serán descubiertas, que hacen cosas extraordinarias todos los días, con total normalidad, sin darle ninguna importancia.
Las victorias privadas, las que realmente importan, las que realmente nos alimentan.

