Ni si quiera hace falta que empiece un año para comenzar con el cambio que quieres.
Antes de nada, tómate tu tiempo para saber lo que realmente deseas.
Lo que tú quieres.
No lo que otros quieren.
A veces hace falta tener en mente una fecha señalada para empezar con aquello que cuesta.
En ocasiones no es una fecha, sino un evento que vuelve nuestro mundo patas arriba.
Éste no se elige.
Y mejor que no llegue.
Y no será primero de año.
Mejor decídelo tú.
Cada día es una nueva oportunidad para empezar.
Pero procura no reempezar demasiadas veces.
De eso no va cumplir objetivos.
Cumplirlos requiere de constancia y disciplina.
Porque la fuerza de voluntad fallará.
La disciplina no.
Hay que mirar a largo plazo.
No te despistes.
Observa cual es la tendencia.
El objetivo debe estar siempre claro en la mente.
A la vista en el horizonte.
Al principio en nuestro interior se desvanecerá a la primera de cambio.
Apúntalo y tenlo a la vista.
Léelo frecuentemente.
Al final lo memorizarás.
Formará parte de ti misma.
Desecharás sin esfuerzo comportamientos que te desvíen del camino.
No te rentarán, como dicen ahora los adolescentes.
Las correcciones en la dirección que queremos seguir tienen que ser lo más tempranas posibles.
Hay que estar siempre alerta y darle sentido a lo que hacemos.
Si de verdad deseas algo, ve a por ello, y que nada te pare.
Sin excusas.
Y si no lo deseas, pues a otra cosa mariposa.
Pero feliz, que los retos tienen que ser los propios, y no los de los demás.

