“Es una broma lo de la media, ¿o es de verdad?”
Inda se ha puesto a correr a mi lado cuando ya casi estoy acabando los 45 minutos de rodaje suave que me tocan hoy. Yo, tan deshabituada a correr últimamente más de 20 minutos seguidos, cualquier ritmo que dure más de eso se me vuelve un poco cuesta arriba.
El miércoles abandoné las series que me tocaban, las que buscaban mejorar la marca del 1500 este domingo, y rodé a tempo con Manolillo. Cuando llevaba 15 minutos de los 40 proyectados pensé que aquello era un horror. El reloj de Manolillo marcaba una media de 4.15 el km, el mío, de unos 4.20, y mi conversación era entrecortada. Sin embargo, no quería aflojar. Quería saber que los podía terminar sin demasiado esfuerzo (aunque mi medición del esfuerzo aeróbico, ahora mismo, está claramente atrofiada).
Algo pasó a partir del minuto 25. Todo se volvió más fácil. Cuando llegué a los 40 ya me encontraba en un lugar en el que podría haber seguido corriendo sin importarme demasiado, con la sensación de que ya no me costaba cada zancada que daba, y de que las vueltas de poco menos de 600 metros iban pasando como si nada.
No tengo in idea de si en 8 semanas me dará tiempo a correr 21 km a un ritmo que me merezca la pena. Aún tampoco sé decir que ritmo me merecerá la pena.
Mis coqueteos con la media han sido tres, y siempre en Almería y entre embarazos. 1 h 32 m y 18 s es mi mejor marca tras estar unos meses saliendo a correr dirección a la Universidad por el paseo marítimo, en mi época de globera, cuando lo único que hacía era entrenar tres días en semana: uno de correr largo, otro de tempo, y un tercero de intervalos. Todo por la calle. Todo sin sufrir demasiado y con la única expectativa de acabar los 21 kms.
Ahora quiero un poquito más. Terminarlos, pero dejando de ver los 30 minutos. Un sub 1 hora 30 m, que incluso me parece poco. Acercarme a 1 h 25 sería increíble.
Siempre he sido de concentrarme en lo imposible, en lo que parece más inalcanzable. Recuerdo cuando empecé a mejorar en el 800, y del 2:16, ya me veía pasando al 2:12. En mis entrenamientos me concentraba para hacer eso, para llegar a una marca que me parecía imposible en ese momento. Y llegó en septiembre, en época covid. Y más tarde llegaría el 2:09.88 que incluso me supo a poco teniendo en cuenta los entrenamientos que estaba haciendo.
Prefiero marcarme imposibles para intentar hacerlos realidad. Para algunos puede resultar que sea una flipada que no de importancia a lo que una determinada marca significa, la dificultad que entraña entrenar para eso. Para mí, es una forma de mantenerme alerta, de querer seguir entrenando, de buscar ese esfuerzo más, ese compromiso. Me gusta mirar a la cima, aunque luego pueda quedarme a medio camino. Mirar al 10, aunque tal vez luego salga un 7 o un 8.
Empiezo mis 8 semanas.
Estoy deseando ver qué dice el Whatsapp de @Robtom esta semana. Es emocionante cambiar de plan de entrenamiento. Me apetece tanto…
No abandonaré la pista. Me gusta demasiado. Un buen 1500 me está esperando.
Esto es una sacudida al cuerpo, probar unos estímulos para descansar de otros, física y psicológicamente. Un fin o una puesta en pausa, para otro comienzo.
Quién se apunta.

