Me he cansado.
Me costó llegar hasta aquí y además ha sido demasiado tarde. Mi motivación para seguir compitiendo en la pista cubierta se desvaneció en el momento en que el día del lunes se alargó tanto, que no quedaban fuerzas para ir a entrenar, ni horas para hacerlo.
Dejó de apetecerme irme a correr el domingo siguiente un 1500 que me dijera que ya habíamos entrado en calor de verdad, que repetíamos ciclo, que lo intentábamos de nuevo.
Más allá de eso no quedaba nada, salvo la mínima posibilidad de que la marca de ese hipotético 1500 fuera suficiente para ir a Gallur, al de España Absoluto. El resto de competiciones, las de mi categoría máster, están ahora mismo en un plano secundario, y dejan de existir si coinciden con las de Daniela o con algún campeonato de Martina.
Mi motivación para entrenar es sentirme bien, independientemente de las marcas que pueda hacer. Sentirme físicamente poderosa y capaz, retrasando el momento en el que no sea capaz de atarme los cordones manteniendo el equilibrio sobre una pierna, que todo llega.
Mi motivación la he encontrado en ir a la pista de atletismo, como otras veces la encontré en ir a la piscina para echar unos largos desconectada de todo lo demás, o en salir a correr hacia la universidad, o en ir dos días en semana al crossfit.
Físicamente me siento bien. Emocionalmente también.
Las épocas en las que la actividad física se redujo en mi vida, todo empeoró. Lo recuerdo y por eso no abandono el movimiento.
“¿Qué te parece si preparamos la media de Almería?”
He utilizado el WhatsApp para dejar plasmada la ocurrencia que lleva rondando mi cabeza desde que di por acabada la pista cubierta. Ahí está, en el chat de Dreamers, el que tengo con Manolillo y Roberto. El primero contesta casi en seguida. Acaba de intentar el maratón de Murcia y siempre anda buscando una compañera de entrenamiento, fondista, que sufra con él el paso de los kilómetros. “Venga, Kurki, así entrenas conmigo”. Ahora falta que responda el jefe, el que lleva la batuta de los entrenamientos, al que voy a hacer trabajar con el cambio de planes.
Al final, la que entrena es la que tiene que estar motivada.
Este año hemos conseguido tener un grupo de entrenamiento precioso. Es maravilloso ver a los niños crecer, estar implicados con los entrenamientos, dándolo todo y preocupados los unos por los otros. Este año ellos son nuestra motivación. Nos emocionan con sus entrenamientos y sus competiciones, con sus planes y sus incertidumbres, con sus dudas, sus recelos, sus inseguridades… somos como una gran familia con domicilio en el anexo de los Juegos del Mediterráneo y chat de Whatsapp Olímpicos LA 2028.
Correré largo. Me apetece un cambio, aunque sea solo temporal. Una sacudida del cuerpo en otra dirección.
Me apetece cambiar un poco la tónica de los entrenamientos, explorar otras zonas en las que ser capaz y darme cuenta de cuanto soy capaz.
De repente recordé cuando Javi, el padre de Rocío, me preguntó que por qué seguía corriendo 800, con mi edad seguro que se me daba mejor el fondo. Y no tengo otra explicación que no sea que lo hago porque me gusta esa sensación de correr rápido, de empujar en la pista. Me gusta cómo son los entrenamientos para conseguirlo. Me gustan los días que te hacen saborear el lactato…
Pero ahora, y por un tiempo, voy a “castigar” mi cuerpo de otra forma. Voy a despertar otras capacidades dormidas, exponerlo a otros estímulos, disfrutar de la soledad de los “long run” y de conseguir alargar el “steady state”.
Un fin, para un comienzo. Pero solo por un rato. O más.

