Cada día, una vida, una nueva oportunidad para todo lo que quieras, un nuevo reto, un estímulo… pequeños retazos que hacen que La Vida sea apasionante.
Pues he pensado que a partir de septiembre, cuando las niñas empiécenme el colegio…, bueno, mejor lo dejo para octubre, que con todo el jaleo de la vuelta al cole y la actividades extraescolares ya tengo bastante. No, mejor para el 1 de enero: nuevo año, vida nueva, ¿no dicen eso?, que después de todos los excesos de Navidad (de todo tipo), habrá que compensarlo flagelando el cuerpo e intentando retos imposibles de mantener más allá de la cuesta de enero.
¿Por qué no empiezas mañana? Mañana, en cuanto te levantes, aparece una nueva oportunidad para conseguir lo que quieras. Empieza por algo sencillo.
Yo un día me propuse hacer una tarta de queso de horno buenísima, y doy fe de que ya me sale de rechupete. Otra vez me propuse hacer gazpacho, uno de esos raros que llevan hasta manzana (la receta me la dio Mercedes, mi magnífica celadora de las tardes de endoscopia), y después fui cambiando las cantidades hasta que encontré el sabor que a mi más me gustaba. Cuando estuve en reposo por el embarazo de Claudia me acordé del cuadro de punto de cruz con el nombre de Daniela que me había regalado, hecho por ella, Rocío (precioso), y empecé a bordar a punto de cruz (mi único antecedente en el tema fue una A con florituras bordada en un pantalón vaquero que me encantaba cuando ya se caía a cachos -tenía 15 años-). Por el lado que se exhibe, ya con su marco adecuadamente elegido acorde con los colores, está casi perfecto y precioso (el revés no es necesario verlo). En el mismo embarazo, cuando me permitieron ir a nadar (después de casi 3 meses de un reposo casi absoluto), me reté a ir todos los díasal club de natación. Empecé nadando dos largos y teniendo que parar. Hacía repeticiones. Terminé nadando casi una hora seguida hasta un par de semanas antes de dar a luz. Cuando empecé a entrenar atletismo después de mi tercer embarazo, al principio solo quería poder correr; cuando conseguí hacer un 400 en poco menos de 1:04, quise ir a por el 800; cuanto tuve la marca del 8 (2:27), luché por mejorarla…
Los retos están allá donde quieras mirar (párate y piensa, apúntalos y empieza ya):
En hacer el disfraz para tu hija; preparar un cumpleaños que recuerde siempre; educarlas en nutrición, en cómo deben enfrentarse a la vida, en una vida saludable; en proponerte comer un poco mejor; en ser más respetuosa con el medio ambiente; en andar un poco más rápido cada día, y por qué no, comenzar a correr después; en buscar ayuda para aquello en lo que quieras mejorar (os lo recomiendo, es un gran atajo); en organizar un viaje; en volver a estudiarte enfermedades que por infrecuentes tenías algo olvidadas; en aprender nuevas técnicas en endoscopia para mejorar el servicio que le das a tus pacientes; en ser mejor persona; en escucharte más; en tomar menos café; en dejar de fumar…
Hay pequeños retos y grandes retos. Estos últimos se pueden desgranar, descomponer, desde la parte mas sencilla a la más difícil, como etapas antes de llegar al objetivo final. La constancia es lo que cuenta.
Intenta ser la mejor en lo que inicies, aunque al principio sea un desastre. No hace falta, ni significa, que tengas que ser mejor que otros, significa que trates de ser mejor que tú misma. Al fin y al cabo, raramente las cosas salen perfectas la primera vez. Todo es cuestión de entrenar.
Cuando mi hermano Rodrigo ya era un reconocido artista del tatuaje a nivel internacional, yo miraba sus diseños y me parecían una pasada, la perfección absoluta, inmejorable… Pues os aseguro que el tío sigue mejorando (como las cámaras y las pantallas de los smartphone, que siempre crees que han llegado al tope, y luego sacan un modelo nuevo que te deja loca).
Cada día, una vida llena de todos los retos que tú quieras. Eso es lo apasionante. Cada día tienes una nueva oportunidad.

