“Buenos días, señora, le llamamos de la secretaría de endoscopias para decirle que el día X vamos a proceder a la retirada del balón intragástrico que se colocó endoscópicamente. Para ello tiene que estar 3 días antes tomando líquidos, para asegurarnos de que no haya ningún restos alimentarios cuando vayamos a quitarlo y evitar complicaciones”. Al otro lado del teléfono se escucha: ¿Pero puedo comer tostadas? -No. ¿Y leche? -Leche sí. ¿Y puedo echar galletas a la leche? -No señora, las galletas son sólidas, solo líquido.
Y aun no me fío de que no vaya a comer nada sólido. Porque lo siento mucho, pero House tiene razón, muchos pacientes mienten (para él, la mayoría), y aunque tú te empeñes en hacerles saber lo importante que es que cumplan ciertas indicaciones, siempre llegará alguno que te diga que no ha bebido nada, cuando tomó todo el agua que quiso justo antes de entrar a la sala de endoscopias, exponiéndose a una complicación evitable, y a ti a un mal rato, en el mejor de los casos, que arruine parte del día. Haz caso, porque hay otras complicaciones que no podrás evitar.
A veces he pensado, que hay técnicas que hago, que me gustaría desaprender. Entre ellas, se lleva la palma la CPRE.
Una mujer de mediana edad había tenido un cólico biliar complicado (un dolor fuerte en el lado de la vesícula, que se acompañó de un tinte amarillento de la piel y fiebre). Las pruebas que le hicimos vieron que tenía piedras en la vesícula, y una de ellas estaba obstruyendo el conducto de biliar (colédoco).
La CPRE es una de las técnicas más apasionantes y más desagradecida. Tiene un porcentaje de complicaciones inherente a la prueba, que podrás reducir, pero nunca al 0% a pesar de que todo salga de lujo. Peor aun, aunque todo salga a pedir de boca, estarás preocupado las próximas 6-12 horas hasta ver que no hay ninguna complicación.
La mujer necesitaba de una CPRE (colangiografía retrógrada endoscópica): acceder a la vía biliar mediante endoscopia, abrir el orificio de salida mediante un corte y extraer la piedra. Para ella se presenta como una endoscopia más, para nosotros una cirugía sin apertura de la piel, todo a través de la boca (“una pruebecilla de nada” para ella; “un procedimiento de los más complejos” para nosotros).
Cuando haces CPREs, cuando las hago, al día siguiente lo primero que hago es ver que todo ha ido bien en las siguientes horas. No han tenido dolor, han tolerado, no han hecho pancreatitis, no han sangrado… Ahora es peor. Desde que tenemos Citrix (teletrabajo), es probable que lo mire desde casa esa misma noche.
La paciente de mediana edad fue como la seda. La exploración no duró más de 10-15 minutos, entrada limpia en colédoco y extracción de la piedra a la primera, salida del contraste… Una CPRE de libro, para enmarcar.
La mortalidad global de la CPRE es de un 1%. Eso lo pone en el consentimiento que poca gente lee. Uno de cada 100 pacientes sometidos a CPRE fallecerán (aunque esto puede variar entre estudios). Yo hago unas 150 CPREs anuales, y las estadísticas, quieras o no -nunca quieres-, se cumplen.
Ella se fue a su casa de alta, asintomática, perfecta, tolerando dieta. Regresó 12 horas más tarde con una pancreatitis aguda grave de la que no remontaría a pesar de todos los esfuerzos terapéuticos.
El pellizco en el pecho, en el corazón, se queda para siempre. Marta lo llama muesca en el fonendo. En cualquier caso, nunca lo olvidarás, y su recuerdo siempre irá cargado de dolor, a pesar de que todo fuera como la seda.
A veces, desearía desaprender para no tener que hacerlas. Son tan desagradecidas. La mayoría de las veces adoro ser capaz de dominar esta prueba y poder solucionar problemas a la gente.

