104º fragmento -Toda la vida estudiando, ¿tú no?

El verbo estudiar se utiliza en mi casa cada vez que tengo que sentarme y buscar en bibliografía científica el material suficiente para hacer una sesión revisando un tema en mi trabajo, para atender a algún paciente, o por puro interés personal sobre un tema que se actualizó mucho más rápido de lo que yo tardé en revisármelo.

En realidad, no se parece mucho al estudio de codos que tanto odiaba y tenía que hacer durante la carrera (odio y soy mala memorizando), es más bien una lectura crítica y consciente que va renovando lo aprendido, teniendo que hacer una limpieza de lo que antes estaba grabado en mi cerebro para almacenar de alguna manera la nueva información. Es un proceso al que le tomas el gustillo, porque en cierto modo te sientes más sabia una vez que acabas tu propósito, y por otra parte, no hay mejor entrenamiento para unas neuronas que se empeñan en envejecer a pesar de que yo no las dejo.

Cuando lo haces, ocurre algo fantástico, y es que te sientes tan bien, que tienes la necesidad de seguir practicando. Es cierto que cuando te obligan, como en el caso de las oposiciones que se resolvieron tres años después de habernos examinado, la cosa se hace más tediosa, pero de alguna manera, también sales enriquecido.

“Nunca sabrás más medicina que cuando te presentes al MIR”, decían. Y es posible que en la teoría sí, porque en la práctica menudos patanes. Y es que al conocimiento adquirido por ese aprendizaje hay que sumarle una buena dosis de sentido común, y eso, cada vez estoy más convencida de que es algo que viene de fábrica y es imposible que las circunstancias medioambientales puedan hacer algo por mejorarlo. Prefiero mil veces un disbalance hacia un buen sentido común, que hacia una enciclopedia andante.

Aprender. Aprender a cómo aprender es realmente lo que nos deberían enseñar desde que entramos en el colegio. Por una parte los contenidos, pero por otra sería imperioso desarrollar la curiosidad por entender las cosas y conocer las herramientas necesarias para que te busques la vida, ahora que todo está tan a mano. Que nos dejen saber que podemos aprender cualquier cosa que nos propongamos y que no solo los contenidos académicos que dicta un plan de estudios que marcan a su antojo cada cierto tiempo los gobernantes es necesario. Más que necesario es establecido, y hay que hacerlo para seguir la corriente del río. Pero también puedes recrearte en los meandros de aguas más calmadas y encontrar otros contenidos que nadie pensó en darte pero que te serán infinitamente más útiles para sortear los obstáculos de la vida y hacerte libre.

“¡Vaya!. ¡Médica! Toda la vida tendrás que estar estudiando”. ¿Y tú no? ¿Acaso decidiste matar tú cerebro en vida? No podría privarme de ninguna manera de las ganas de saber, de buscar, de aprender… Prefiero un cerebro inquieto a uno adormecido y acomodado.

Enseñar a cómo aprender debería ser el primer objetivo de nuestras escuelas. Saber dónde buscar información, sembrar la duda, la curiosidad, y la sensación maravillosa de que tienes el poder de aprender cualquier cosa.

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