112º fragmento -Un hospital, epicentro de la promoción de la salud

Pensemos, por un momento, que es cierto. ¿No sería una pasada?

Mi hospital ha llenado sus paredes de estupendas fotos que bien podrían ser de un anuncio de coca-cola, pero que te incitan a comer de forma saludable y a realizar actividad física, haciéndote creer que ahí es donde reside la verdadera felicidad.

Vas bajando las escaleras, y allí donde antes colgaban magníficos paisajes de la naturaleza almeriense, ahora puedes ver rutas de senderismo, descenso de cañones, gente riéndose mientras va haciendo jogging por el paseo marítimo, grupos de personas haciendo yoga en la arena de la playa a la salida del sol, adolescentes jugando al baloncesto en las canchas públicas, niños de las diferentes escuelas municipales (judo, vóley, gimnasia, atletismo, fútbol, balonmano…) participando en entrenamientos grupales y en competiciones, ayudándose los unos a los otros, levantando trofeos, clases de mantenimiento físico dirigidas a mayores…

La máquinas expendedora de comida han dejado de tener kinder bueno, patatas fritas y bollos, para ofrecerte fruta a unos precios de risa.

Con toda la remodelación que se está llevando a cabo, decidieron abrir un área que tiene un gimnasio de entrenamiento fundamentalmente funcional, en donde expertos en la recuperación de la movilidad y en educar para el desarrollo de una actividad física adecuada según las condiciones iniciales de cada uno, enseñan a pacientes y familiares a como incorporar salud a su vida. Espacios abiertos, diáfanos, de techos altos y decorados para proporcionar bienestar, consiguiendo así que los habitantes transitorios del hospital quieran aparecer por allí.

Cerca, hay un par de consultas de nutrición y dietética, donde se va realizando una valoración de aquellos que lo solicitan y se prescribe una dieta adecuada, identificando hábitos no saludables; y para poder abarcar a un mayor número de personas, se ha construido un aula donde se dan charlas con temas relacionados con la salud, el bienestar, y la prevención por encima de todo: “Efectos del tabaco y el alcohol”; “Herramientas para poder abandonar hábitos que matan”; “La importancia del ejercicio físico”;”Como incorporar la actividad física a tu vida”; “Sesiones de meditación”; “Cómo preparar un menú saludable”; ”Alimentos prohibidos que solo debería estar en tu dieta por accidente alguna vez al mes”; ”Rutinas que te harán sentir bien”; “Qué deporte es el que más te conviene”; “Mejor andar de forma consciente que pasear mirando escaparates”; “La fuerza de voluntad y el compromiso”; “Dejar de ser esclavo de medicamentos”; “Cómo retrasar el envejecimiento sin cremas”; ”Cómo disminuir tus reingresos hospitalarios”… En la página web y redes sociales creadas para este fin, se cuelgan estas charlas, los consejos, las dietas tipo, información sobre asociaciones deportivas y de promoción para la salud…

Lejos queda ese hospital sucio con tiros de escaleras llenos de humo y rincones con colillas, de paredes con churretes e impersonales que solo incitaban a estar enfermos.

El hospital se ha transformado en un centro de recuperación, de sanación, y de educación para la salud, donde la medicina preventiva sustentada en una alimentación saludable y en una actividad física adecuada para cada uno, y la advertencia sobre el efecto de los tóxicos en nuestro cuerpo, se ha hipertrofiado, con el gran objetivo de dotar de calidad de vida a aquellos que la perdieron, y enseñarles a cómo mantenerla en el tiempo.

Nuestra sociedad nos aboca a ser sedentarios y nos engaña con falsas creencias sobre cómo debe ser nuestra alimentación. Nosotros, como médicos, tenemos que crear herramientas y usarlas para ganar esa batalla, porque esto es parte fundamental de nuestro quehacer: proporcionar salud física y mental.

Lo sé. Nada de esto existe en mi hospital, pero tal vez habría que darle una vuelta.

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