114º fragmento -Tras un infarto, estarás más receptivo a cambiar de vida (y el sistema sanitario no sabe aprovechar esta ventana)

El momento más sensible y en el que estarás más receptivo a cambiar tus hábitos de vida, y olvidarte de todos los indeseables de los que parecía imposible deshacerse, es después de haber tenido un infarto, y ni siquiera lo aprovechamos.

Ingresarás por urgencias al box de críticos mientras a toda prisa se decide cual es tu mejor tratamiento dependiendo de tu edad, antecedentes personales, tiempo desde el inicio de los síntomas…todo ajustado para darte aquello que de forma inmediata consiga recuperar la vitalidad de la mayor parte del tejido muscular especializado que ha quedado entre atontado y muerto (este último no se recuperará) a causa de la falta de oxígeno (fibrinolisis, cateterismo, antiagregantes, estatinas…). Te recuperarás (o no) en la UCI o en la unidad de coronarias de cardiología dependiendo de tus necesidades, y tal vez, al final, una vez que todo se estabilice, puede que empieces a ser consciente de que es imposible seguir así si no quieres que tu vida acabe prematuramente.

Entonces serás receptivo. Entonces escucharás y dejaras de hacer bromas acerca de a los que les ha dado por correr o no soportan el humo del tabaco. Y nosotros, como médicos, ni siquiera lo aprovecharemos.

Y es que lo único seguro es, que cuando te den de alta del hospital, tendrás en tu informe de alta bien detallado con todo lo que encontraron en tus arterias coronarias, como lo remendaron y la medicación que comenzarás a tomar (mucha de ella de por vida), y todo esto acompañado por una retahíla de recomendaciones sobre una vida saludable y la necesidad de evitar el tabaco y el alcohol, y realizar una cantidad de ejercicio tan bien definida como lo que se desprende de la siguiente frase: “haga una actividad física diaria acorde con su estado de salud y en la medida de sus posibilidades”. Esto y nada, lo mismo es.

Como sistema sanitario deberíamos aprovechar esta fase sensible en la que podemos reeducar a quien ha sufrido este trance porque no creyó en lo que se recomendaba una y otra vez en letra pequeña, y a una velocidad de vértigo, en los teletipos de los anuncios de productos con un Nutriscore que no pasaría de una C (te dejo que anuncies veneno a cambio de que recomiendes una vida saludable). Es parte indispensable, y la más importante del tratamiento de alguien que ha conseguido salir de un infarto de corazón, y no pasa de los 60 años (o de los 50, o menos). Deberíamos poder ofrecerle un sistema de soporte para reencauzar su vida, su estilo de vida. Consultas específicas, profesionales de la actividad física y el deporte especializados trabajando para la seguridad social o concertados, centros deportivos concertados con pautas claras de rehabilitación, nutricionistas que eduquen para la salud y los guíen en su recuperación, y más allá de esta.

Leí un estudio Noruego en el que habían seguido a lo largo de más de 20 años a más de 70.000 personas. La mortalidad prematura por cualquier causa (cardiovascular, cáncer…) era el doble en los que llevaban una vida sedentaria. El riesgo de morir joven disminuía si habías decidido hacer deporte a lo largo del estudio, pero si hacías a la inversa, si te volvías sedentario, tu riesgo de morir se igualaba al resto de los vagos.

No podemos conformarnos con prescribir una actividad física que en la mayoría de las ocasiones ni nosotros sabemos como llevarla a cabo. No es una pastilla que se pueda tomar. Necesitamos dotar a estas personas de las herramientas necesarias para enderezar su estilo de vida y disminuir su riesgo de muerte, aumentar su calidad de vida, disminuir el número de reingresos hospitalarios, y que sirvan de ejemplo para las personas que los rodean.

Fácil.

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