En los niños y niñas deportistas se anda buscando el talento que los lleve a lo más alto, lo que se considera indispensable para que llegue a ser un deportista de alto nivel, de élite, olímpico, un Nadal, un Gasol…
Se mira el físico adecuado para cada especialidad deportiva, la ejecución de determinados ejercicios, su capacidad aeróbica, su coordinación, la reactividad de tobillos, tono muscular, velocidad, compactación corporal, capacidad de sacrificio… El ojo de quien mira está hecho a descubrir esos detalles que pueden pasar desapercibidos a un ojo inexperto y poco entrenado como el mío (aunque algunas cosas ya soy capaz de observar). Habrá algo, o un conjunto de cosas, que puedan hacernos pensar que tenemos delante de nosotros un diamante en bruto al que poder modelar desde una temprana edad, pero con mucho cuidado y mimo.
Y es que esto último a veces se olvida, y ante un talento innato para hacer un determinado deporte podemos perder la cabeza y empezar a exprimirlo para obtener resultados prematuros que pueden, sin embargo, condicionar un futuro prometedor que jamás llegará. Supongo que resulta difícil aguantarse las ganas de obtener resultados cuando ya hay competiciones de menores exigentes, que además sirven de aliciente, de motivación sobreañadida, al niño o niña, para continuar con los duros entrenamiento, y para aumentar el ego del entrenador o entrenadora.
Debe, por otra parte, haber un rango amplio de talento. Si este se pudiera medir del uno al diez, tal vez los talentos de 7-10, por poner unos números, deberían ser revaluados bajo otro prisma, añadiendo más ingredientes para valorar la posibilidad de éxito a largo plazo. El talento sin trabajo, se quedará en nada. La predisposición, la motivación, el sueño que tenga, la capacidad de sacrificio, ¿o el no precisar sacrificio?, también cuentan.
La palabra sacrificio debería utilizarse para remitirse a situaciones en las que hay que hacer un esfuerzo casi inhumano para renunciar a algo que te guste mucho, para tener que hacer, por imposición, algo, que no te gusta demasiado. Así que creo que una gran ventaja para alguien con un talento medio-alto, sería no sentir que sacrifica nada, porque en realidad está donde quiere estar, y no hay nada que pueda hacerle más feliz. Si además añadimos que todo lo que encierran las palabras “entrenamiento invisible” forma parte de su modo de vida, sin que suponga un esfuerzo adicional, tendremos otra ventaja.
El talento, la facilidad, como hoy decía Juan recordando palabras de Toni Nadal, viene en buena parte determinada por nuestros genes, y probablemente también por la epigenética y por la estimulación a edades tempranas. Ese talento, sin apenas esfuerzo, te llevará a un buen sitio, a ese que puedas alcanzar sin casi poner de tu parte (sobre todo en edades tempranas, y casi en exclusiva). Si trabajas un poco, tendrás el beneficio correspondiente; si trabajas más y mejor y te respetan lesiones (también favorecido por un buen entrenamiento), multiplicarás el resultado de tu talento.
No tenéis que actuar como si fuerais monjes, le decía Juan a los niños, pero sí os tenéis que preparar para ser monjes en un futuro próximo si vuestro sueño es llegar a ser atletas de élite.
Cada uno tendrá su sueño, su ambición, su meta… ayudémosles para realizar el camino para cumplirlos, pero todo a su debido tiempo.

