165º fragmento -Perseguir un sueño: déjalos, anímalos

Para Aurora.

Y si en lugar de ir cerrando puertas, metiendo miedos, creando incertidumbres, matando esperanzas, bajando persianas, sembrando desconfianza, creando desconsuelo y estrechando el camino… abrimos puertas y ventanas de par en par, apoyamos, incentivamos, alentamos, nos alegramos, gritamos un seguro que tú puedes, y nos contagiamos de su ilusión.

Parece que todas y todos queramos que nuestros hijos e hijas sigan el camino marcado por la sociedad para ser adultos de provecho en un futuro que ya no parece tan lejano. Estudiar, por encima de todo, es el objetivo primordial. Estudiar según mandan los cánones del colegio público o privado elegido, y si puede ser, un poco más, para tener una ventaja que lo haga destacar. Es el camino establecido, y no hay más. El resto puede ser un entretenimiento en la mayoría de los casos, siempre que no quite tiempo al estudio, que si este flaquea, ya hay de donde sacar más tiempo. Como si ese fuera el mayor de los problemas, cuando la mayoría de las veces ni si quiera lo es. Más bien tendríamos que plantearnos que gestión realizan nuestros hijos del tiempo, y buscar mejores formas de aprovechamiento del mismo, sin que se eternicen tareas, estudios y resolución de problemas en una tarde infinitamente aburrida, que solo conseguirá que mañana no quieran ni sentarse al escritorio. Esas son las herramientas que deberíamos darles, aprovechar el tiempo.

A Martina le digo: No pienses, actúa. Ponte ya. Porque si se pone a pesar en la tarea pendiente,es probable que entre en barrena, y malgaste más de media hora quejándose de todo lo que tiene que hacer. Si se pone sin pensar, no solo habremos ganado la media hora de quejas que no se han producido, sino que todo fluirá más rápidamente, y terminará contenta por el poco gasto de tiempo en una tarea no tan deseada como ir al vóley.

Funciona. Aunque no siempre. Por eso hay que estar atentos para cambiar estrategias, que en mi casa no sirve lo de tirarse toda la tarde sentado delante del libro esperando que pase algo (tic-tac).

Estoy dispuesta a animar y respaldar prácticamente cualquier sueño de mis hijas (creo, veremos a ver que sueños tienen). Y es que diréis que el primero de ellos, de la que lo tiene más claro por ahora, es demasiado jugoso para una atleta frustrada como yo. Es cierto, no pude tener mejor suerte.

¿Tú crees que puedo ser olímpica? Yo creo que tú puedes llegar allí donde te propongas.

Me produce cierta curiosidad ir descubriendo que moverá el alma de mis hijas, y me siento responsable de que descubran eso que les apasione. Y a veces, espero que sea poco convencional, lo más alejado, en el extremo opuesto del deseo de nuestros abuelos de tener un hijo médico, otro abogado y un cura. No quiero que sigan mis pasos, quiero que descubran cuáles quieren que sean los suyos y luchen por caminarlos de forma firme y eficaz.

Mi hermano Rodrigo es un claro ejemplo de luchador por un sueño. Puede que conozca a gente igual de trabajadora que él, pero no más. Con un talento innato para el dibujo, consiguió canalizar su arte para poder vivir de lo que considera un hobby. Se parte la espalda cada día para conseguir lo que esa mente inquieta que habita en su cabeza le dicte, esa que no para ni en sueños (para eso tiene un cuaderno en la mesilla de noche -nunca sabes cuando puede venir la inspiración-) Lo admiro y compadezco casi a partes iguales. Es imposible no admirarlo.

El sueño, el que tengan, puede que no se consiga finalmente, pero solo haberlo intentado con todas las fuerzas habrá sido una enseñanza de vida. En la vida habrá mil sueños.

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