177º fragmento -Complicaciones vs diagnóstico relevante

Fue pasar el píloro, retirar el ecoendoscopio, y subir un calor intenso por detrás de mis orejas en el mismo momento en que mis ojos, poco acostumbrados a ver peritoneo, se dieron cuenta de que aquello no era pared duodenal.

Las complicaciones en la exploraciones que hacemos, existen.

Y aunque su porcentaje pueda ser mínimo, nunca será 0, ni siquiera en las mejores manos.

La mayoría, como pacientes, pensamos que no nos va a tocar, y sin embargo, compramos lotería con la sensación de que quizás nos toque, esperando que lo haga en algún momento, siempre detrás del mismo número o la misma combinación… Y es que esta probabilidad es del 1 por cada 100.000 (en el mejor de los casos). La de que te toque una complicación es de 1-3 cada 1.000 en una endoscopia diagnóstica, y de un 5 de cada 100 en una CPRE, por ejemplo.

Estas probabilidades de que se compliquen las cosas pueden aumentar por muchos factores: de las manos del que te haga la exploración; la complejidad del procedimiento a realizar; la enfermedad de base que tengas; la presencia de factores cardiovasculares, respiratorios o de sobrepeso-obesidad… Todo va sumando en esta especie de lotería macabra.

Y sin embargo, la mayoría de las veces estamos en la cama, mientras esperamos a que todo empiece, nerviosos por si nos encuentran una enfermedad, pero no por si no nos encuentran nada y nos producen una.

Y es que esto segundo empieza a ser más frecuente que encontrar un tumor cuanto más exploraciones normales realizamos, a veces con indicaciones guiadas más por el deseo del paciente de despejar sus dudas y descartar cualquier enfermedad que le produzca temor, que por una indicación reglada.

Una simple colonoscopia es todo, menos simple.

Una sedación te hace vulnerable.

Temo a los pacientes que peregrinan de consulta en consulta buscando respuesta a cada uno de los síntomas que van anotando a lo largo del día. Auténticos hipocondriacos incapaces de aceptar que existen las enfermedades funcionales (en digestivo muchísimas), que pueden dar explicación a todo lo que se nota, pero que jamás se verá reflejado en una imagen de tomografía computerizada, o de resonancia, o ni si quiera en un exploración laparoscópica.

Años con los mismos síntomas, que van y vienen dependiendo de su estado de ánimo, del estrés que acarreen, del estado de sus relaciones con sus seres queridos o con el por culo que le de su jefa en el trabajo, de lo que coman…

“Pídame una endoscopia. Por arriba y por abajo. A ver si voy a tener algo”. Es inútil gastar saliva.

“Y también un TAC”, total, solamente es la radiación equivalente a 100 radiografías de tórax, con capacidad para producir mutaciones en tu ADN, ese que codifica la maquinaria encargada de reparar las posibles equivocaciones que ocurran en la división celular para que nuestras células no se hagan cancerígenas. Pero es uno nada más. No importa, hay efecto acumulativo, y otros, que me dan más miedo, llamados estocásticos (me encanta esta palabra). Estos últimos ocurren al azar (da igual que te hayas hecho un TAC o 100).

Un día llegó un paciente sin firmar el consentimiento. Lo había leído. Raro. Y se había quedado perplejo porque la probabilidad de muerte relacionada con problemas derivados de la endoscopia era de 1 por cada 1.000 procedimientos realizados. Le pareció que tenía muchas posibilidades de morir. Mª Carmen lo miró, le hizo “el patrón” para saber por donde podía entrarle, y le dijo: “pues a ver, yo llevo aquí…, haciendo… pruebas al día…, ¡pues debe estar al caer el que se nos muera!” Una broma que no fue de mal gusto porque supo con quien la hacía y porque sirvió para romper con la tensión que traía aquel hombre. Pero no es ninguna broma. Tal vez ese hombre tuviera todos los factores para disminuir esa probabilidad general, pero otros tienen todos los factores para que sea mucho mayor de la reflejada en el consentimiento.

A quien le toca, le toca el 100%, y eso sí que es difícil de asumir.

La peregrinación de la hipocondría por consultas y pruebas complementarias pedidas al peso, nunca traerá nada bueno. En mi caso, aquella vez, que a pesar de los años se me quedará grabada para siempre, fue una perforación de duodeno en un paciente con una dudosa indicación por haber encontrado una sospecha de dilatación de vía biliar en una resonancia.

Por suerte, evolucionó bien, sin necesidad de cirugía. Pero no todos tienen la misma suerte.

1 comentario en “177º fragmento -Complicaciones vs diagnóstico relevante”

  1. Muy bien expresado. Como a veces se va aumentado las posibilidades de yatrogenia con la actitud. No sabemos actuar para ayudar en esas circunstancias. Besos

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