186º fragmento -Esta familia se disgrega

Nuestra vida, desde que nació Daniela, cambió para siempre. El nacimiento de un hijo, cambiará horarios, rutinas de sueño, de comida, de salidas, de entradas, vacaciones… dando un vuelco por completo a tu listado de prioridades que parecía inamovible y encareciendo tus horas de sueño o de descanso. No nos hicimos esclavos de ella, pero sí que todo comenzó a girar en torno a su bienestar y a procurarle lo que a nosotros, padre y madre inexpertos, nos parecía que debían de ser las mejores herramientas para que poco a poco se fuera desarrollando como un ser humano de provecho.

La segunda viene a su casa, con todo ya cambiado, y el sopetón es menor, salvo porque ya no hay prácticamente ratos de descanso, que cuando no es una es la otra la que reclama la atención.

La tercera viene a una casa en la que ya nos dejamos de preocupar por idioteces que antes nos parecían poco menos que fundamentales para un desarrollo adecuado. Se convierte en superviviente y mama de sus hermanas mucho más conocimiento del que tu habrías esperado que tuviera con 6 años.

Entre la primera y la última, ocho años. Casi diez años cambiando pañales de forma prácticamente ininterrumpida. Tal vez no hubiéramos querido que se llevaran tanto tiempo entre ellas, pero en nuestro caso no fue una elección. Íbamos buscando el momento ideal por motivos de contratos basura, y otras circunstancias laborales, y el tiempo pasaba demasiado rápido. Ahora, 8 años de separación parecen un mundo, pero al mismo tiempo nos ha permitido disfrutar de cada una de ellas en los primeros años de vida, cuando la anterior se comenzaba a hacer más autónoma.

Hasta hace nada, el deporte de Daniela (y desde hace unos 3-4 años también el mío), llenaba gran parte de nuestros fines de semana. Ahora nos faltan fines de semana.

Tengo un pequeño vacío en el pecho porque mañana Martina se estrena en su primer partido de vóley y no estaré. Pasado mañana irá a su primer campeonato de Andalucía de atletismo en pista cubierta, y tampoco podré estar. En lugar de eso, Alex y yo hemos tenido que separarnos. Yo iré con Daniela al cross de Atapuerca, donde se celebrará el Campeonato de España de clubes de Campo a Través. Y esta misma pinta tienen los próximos fines de semana del resto del año (con algún que otro descanso). Y me encanta. Martina se incorpora a un mundo que ha hecho y está haciendo muy feliz a su hermana, con amistades y vivencias que recordará toda su vida, con un intenso sentimiento de compañerismo y de equipo, y muy orgullosa de ser ella ahora la acaparadora de nuestras miradas desde la grada.

No nos quejamos, lo hemos elegido, y estamos super orgullosos de haberlo hecho. Seremos “esclavos” de nuestras hijas con un gusto infinito, porque estamos convencidos de que lo que les aportará todos estos encuentros y viajes, es muchísimo más de lo que ni si quiera podamos imaginarnos.

Sanas y fuertes, de mente y de cuerpo.

Felices.

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