216º fragmento – Los pacientes no mienten, cuentan su verdad

Mientras estoy completando el informe de la última endoscopia… “Ve rápido al hospital de día, parece que la paciente anterior, que ya se iba de alta, no se encuentra bien, tiene mucho calor y ganas de vomitar”. Dejo lo que estoy haciendo y cuando entro por la puerta me encuentro a C con todo el cuerpo temblando a modo de sacudidas y la mirada perdida.

Ella había entrado unos 45 minutos antes a la sala para que le realizáramos una gastroscopia con sedación. Casi sin mediar palabra me pide que mire un informe del neurólogo que lleva consigo y una lista de numerosas alergias (aun no confirmadas) a distintos fármacos (ninguno de los que yo voy a usar están en la lista, pero aun así nos ponemos alerta porque nunca se sabe).

En una intervención previa realizada, tuvo lo que se etiquetó como crisis comicial, pero con todo el estudio posterior negativo, sin que se hubiera vuelto a reproducir la sintomatología desde entonces, y con una dudosa relación con un anestésico local. Todo un poco en la nube, todo sin concretar, un puede ser pero no sabemos, la maldita incertidumbre que tantas veces acompaña al desempeño de la medicina…

La gastroscopia ha sido normal. Por los síntomas que cuenta, hemos tomado una muestra para descartar H pylori, pero nada más. Se despierta perfecta y la trasladamos al hospital de día médico para que termine de espabilarse del todo, y darle de alta en cuanto pueda vestirse sola.

La imagen que se me representa cuando la veo es parecida a la de una escena del exorcista, y sin embargo, desde el principio, algo no me cuadra, no me parece una crisis epiléptica. Los movimientos no parecen involuntarios y varían conforme le hablo, me mira y atiende, le pregunto si le duele algo, le cojo la mano (y ésta deja de temblar)… No le duele nada, solamente quiere orinar. Tensión bien, pulso bien, respiración adecuada, coloración normal, atiende órdenes sencillas, continúa de forma anárquica con movimientos que parece que no controla… Pero eso pienso, que solamente parece, porque cuando consigues distraerla y hablarle de forma pausada, y contarle que la endoscopia está bien, deja de temblar, o de hacer aspavientos, o movimientos abigarrados que no parecen obedecer a ningún proceso involuntario.

¿Tal vez te has puesto nerviosa?, le pregunto. ¿Tal vez al despertarte y no saber muy bien dónde estabas…? Ella niega y parece volver en sí. Hace pis en la cuña. Y de todas formas, aunque yo crea que no tiene nada que ver con neurología, pido ayuda al neurólogo de guardia, y salgo a hablar con su familiar. Ella ya está tranquila.

El acompañante se muestra inquieto, porque no sabe qué ocurre, y porque a mí me resulta difícil de explicar que no se trata de una crisis comicial por mucho que lo parezca cuando no parece tener ningún interés por lo que yo le estoy contando. El neurólogo, tras la exploración de C, piensa igual que yo. Pseudocris, llama a lo que yo en algún rincón de mi memoria de estudiante de quinto de medicina guardo como crisis conversiva. Decide que se puede ir de alta.

Entra el acompañante (creo que es su marido), y en cuanto lo ve, ella comienza con el mismo “baile”. Abortamos el alta hospitalaria. Sale el marido y vuelve a estar bien, y comienza a preguntar que qué ha pasado, como si no recordase ni siguiera haber entrado allí. El neurólogo y yo nos miramos derramando escepticismo a borbotones, pero no podemos hacer otra cosa que observarla durante unas horas y descartar organicidad.

House diría que todos los pacientes mienten, incluso sin saberlo ellos mismos. Yo pienso que no lo hacen, cuentan su verdad, y eso, lo complica todo.

2 comentarios en “216º fragmento – Los pacientes no mienten, cuentan su verdad”

  1. Entonces quien la inquietaba
    Era su marido? No quería volver a casa.
    Contigo estaba segura aunque
    Lo mismo te la llevas a correr y su mente se distrae . Que buena eres en todo y que talante como médico .

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