5º fragmento -Mala madre

“¡Con cuarenta y pico años tenías que estar en tu casa con tus hijas, en lugar de venirte a competir aquí, a tomar por culo, mientras las dejas abandonadas en Reyes!”

Me lo dijo una mujer, madre, trabajadora, atleta, de treinta y pico años, un sábado 9 de enero después de haber corrido conmigo un 800 en el que me adelantó en la última recta del anillo de 200 m de tartán de Antequera. Me lo escupió con ira, con todo el rencor del mundo, bajo las ojos y oídos atónitos de todos aquellos que calentaban antes de entrar a competir, o enfriaban tras hacerlo, en el aparcamiento al aire libre (cosas de la pandemia). Desde entonces dejé de preguntarme por qué de repente había dejado de saludarme.

Yo, un tentempié de esos con los que juegan los bebés, recibí el bofetón de “mala madre” para después volver inmediatamente a la posición erecta. Ser madre de tres hijas hace que te plantees infinidad de veces si lo estarás haciendo bien, sobre todo cuando no te consideras una madre al uso que dejó de ser mujer (persona) para ser solo o mayoritariamente madre. Y no es que esto último me parezca mal, porque tal y como se desprende de lo que voy escribiendo, la tolerancia y el respeto por las elecciones de cada uno me parece que tiene que estar por encima de todo. No seré quien imponga sus convicciones, porque ni si quiera las mías, las más profundas, me parecerán siempre las correctas.

Mis hijas serán libres, independientes (interdependientes), capaces y críticas. Harán elecciones equivocadas o acertadas…o, por lo menos, en que lo consigan pondré todo mi empeño. Tienen una madre que les demuestra día a día que querer es poder, que se puede estar cansada y triste y no pasa nada, pero que hay que hacer todo lo posible por ser feliz con las cartas que te va dando la vida y con aquellas que tú vas “robando”.

Yo no soy solamente madre. Mis inquietudes, mis intereses, mi trabajo, mi esfuerzo, mis hobbys, mis amistades, mi familia y mis sueños no pasaron a un segundo plano por ser madre, o por lo menos no siempre. Mis hijas están bien atendidas, tienen una madre que las escucha y que trata de aconsejarles desde la experiencia, sin a veces tenerlas todas consigo.

Mis hijas puede que el día de la foto de la orla del colegio vayan con una camiseta de estampado militar porque su madre no se acordó de que debían llevar una camisa blanca (a pesar de que en el WhatsApp del colegio se repitió esto hasta la saciedad). Es curioso lo que el cerebro puede no guardar como importante. A Claudia no le importó.

Lo que es seguro que no les faltará es un amor incondicional de una madre que hará un esfuerzo permanente por ser mejor persona, en la que se sientan orgullosas de verse reflejadas. Espero saber darles las herramientas necesarias para que sepan vivir plenamente, con amplitud de miras, con tolerancia y con capacidad para disfrutar de todo aquello que emprendan.

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