6º fragmento- Cuerpo de arenque

“Mira que cuerpo. Eso ya no está bonito, pareces un arenque, galga mía” -todo dicho desde el amor más puro-, se escucha a las ocho de la mañana en el vestuario de endoscopias mientras más de cinco mujeres nos cambiamos en menos de 10 m2. Se ve que en algún momento Mª Carmen pensó que yo había empezado a hacer deporte para conseguir un cuerpo cercano a sus cánones de belleza, tan alejados a los reflejados por ese pescado reseco.

En cuatro años y medio, desde que volví a calzarme unos clavos en la pista de atletismo, y sobre todo en los dos últimos, mi cuerpo ha dado un cambio espectacular, pero no porque ese fuera mi objetivo fundamental. Cuando Claudia tenía 10 meses me aburrí de llevar a mis hijas mayores a atletismo y quedarme en la grada, así que empecé a entrenar con un grupo de atletas que no pasaban de los 20 años. Me despertaba por las mañanas con dolores en todas las articulaciones, probablemente recolocándose después de un embarazo en reposo que me había dejado con el tono de un blandiblú. Todos los días sin excepción durante más de medio año pensaba que tendría que dejar de ir al estadio.

Volvió el tono muscular y, muy poco a poco, desaparecieron los dolores articulares. Encontré motivaciones para seguir haciendo deporte: un campeonato andaluz máster, uno de España máster, un mundial máster en Málaga, un andaluz absoluto, y finalmente, uno de España Absoluto (por no hablar de los encuentros de liga en división de honor que comparto con mi club). Esos son los objetivos realmente cuantificables, que yo logre hacer la mínima o quedar en el mejor puesto posible en esos campeonatos (nunca he sabido moverme sin objetivos). Sin embargo, hay algo que hoy es más importante que esos objetivos: el camino.

En general y en la mayor parte del tiempo, disfruto de ese camino. Me divierto, me enriquece, me emociona, me permite compartir experiencias con mis amigos y mi familia, me llena de energía para afrontar el resto de los retos de mi día a día, reorganiza los tinglados de mi cabeza, y me hace tener este cuerpo de arenque que tanto me gusta, con unos músculos que me han salido que solo los recordaba de haberlos visto en el Sobotta de segundo de medicina.

El camino está lleno de obstáculos que pueden aparecer en cualquier momento sin aviso, los peores son los internos. Mientras por un lado Mª Carmen trata de mantenerme con las pies en la tierra cuando las cosas empiezan a irme demasiado bien para que no se me suba a la cabeza -la cito textualmente-; por otro, yo le tengo que contar que de 5-6 días que entreno hay 4 que me quedaría tan ricamente en mi casa viendo ¨This is us¨, que no hay nada de magia, a no ser que la magia se llame compromiso.

El compromiso es el mayor de los motores de mi vida. Me apunté esta palabra mágica. Me gustó porque para mí tiene más potencia que la fuerza de voluntad. El compromiso con uno mismo, con lo que tú quieres que sea sin importar cuales sean tus motivaciones te puede llevar a cualquier sitio.

¨Son las 19.30h, llevas todo el día trabajando de pie, llueve… ¿vas a ir a entrenar?¨- ¡Pues claro!, para eso me he traído la mochila- ¨Vale, solo quería comprobar tu grado de compromiso¨, dice Marta. La clave, para mí, está en pensar en el después.

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