Creo que hoy no me duele nada. ¡Ay! Espera, que sí, que me duele el pie cuando lo apoyo. ¡Bah! Se pasará con el día. La cabeza está regular, aunque esto se me pasa en cuanto desayune; y las tripas parece que se estén reposicionando para no llamar la atención. Estoy viva.
Creía recordar que cuando era pequeña no había nada que me doliera. La barriga nunca me molestaba, mis articulaciones iban divinas, la cabeza estaba libre de toda jaqueca…, pero resulta que es mentira. Y lo sé, porque lo he pensado. Ver a mis hijas quejándose todos los días de algún dolor que otro que yo banalizo rápidamente con patada adelante, o incluso con infradosis de Daisy o Apiretal (1 ml de placebo que les quita cualquier tontería), me ha hecho pensar que yo también me quejaba.
Me dolían las rodillas a rabiar, sobre todo la izquierda, con 13 años. Del crecimiento, decían. Y ahí seguía yo entrenando como podía, con la tuberosidad de la tibia enrojecida, poniéndome hielo tras y durante cada entrenamiento y competición. Otras veces era el tendón de Aquiles, también de la pierna izquierda, la que machacaba saltando una y otra vez (altura, longitud, paso de vallas….) Me dolía el brazo derecho de lanzar jabalina. Me dolía la cabeza sin motivo aparente, jaquecosa como mi padre. Una aspirina y andando. Me dolía la barriga por las mañanas, más si había exámenes. Ni caso.
Las consultas de digestivo se llenan de dolores de barriga de meses, e incluso años de evolución (de toda la vida en muchos de los casos), buscando una explicación a lo que la mayoría de las ocasiones no la tiene. Así que, nos guiamos por los síntomas de alarma para poder seleccionar de alguna manera a aquellos que tienen más papeletas para encontrar organicidad (un diagnóstico certero y tratable). La cosa se complica cuando además se añaden síntomas que nada tienen que ver con el sistema digestivo (la boca amarga, el mal aliento, las jaquecas….). “¿Tendré cáncer?”. Tenemos a pacientes en los que llevamos buscando al enemigo durante más de 10 años. Sin lugar a dudas, cada año es más probable que encontremos un cáncer (apliquemos la probabilidad), pero no sé si realizar este diagnóstico a tiempo (o a destiempo) habrá compensado tanto tiempo de preocupación desmesurada.
Tras una cantidad ingente de pruebas complementarias que no han encontrado nada anormal, es difícil hacer entender a quien teme tener algo malo, que casi con un 100% de seguridad, sus molestias/dolores (no hay nada más subjetivo que la interpretación de esto) se quedará en un limbo en el que lo único que podremos hacer será tratar de mejorar los síntomas con fármacos que disminuyan la acidez, mejoren el tránsito, quiten el dolor, disminuyan la permeabilidad intestinal o los gases. Y ojo, que todos tienen su contrapartida (efectos secundarios).
Y es que lo de mejorar con “medidas higiénico-dietéticas” nos gusta bastante poco. Esa retahíla de “coma usted cosas sanas, poca cantidad, masticando bien, evite salsas, fritos, grasas, aumente el consumo de verduras y fruta, vaya de forma regular al baño, haga deporte a diario…” pasa desapercibido al final del informe médico para que podamos seguir comiendo lo que nos de y cuando nos de la gana (“porque a mí esto antes me sentaba bien, y si me sienta mal ahora por algo tiene que ser”). No sabemos como parar nuestra vida de prisas para todo y sin tiempo para nosotros, para nuestro bienestar físico y mental. Deseamos una pastilla que todo lo cure (ya hablaremos de ansiolíticos, antidepresivos e hipnóticos).
Me duele la barriga varias veces al día, la mayor parte de ellas lo achaco a un pedo atravesado más o menos duradero; tengo acidez y ardores con bastante frecuencia, sobre todo si tomo café (no te digo nada si tomo algo de bollería, o mucho aceite con la tostada); las articulaciones se quejan todas las mañanas (aunque menos desde que estoy más fuerte); la cabeza va conmigo donde yo vaya, y hay rachas en las que se empeña en demostrar su presencia sobre mis hombros prácticamente a diario…
Tengo una aliadas para combatir casi todo, las endorfinas. Estoy enganchada a ellas. Por nada del mundo las abandonaría por dosis diarias de analgésicos, inhibidos es de bomba de protones, espasmolíticos o antieméticos.

