57º fragmento -Lo que me perdí. Lo que me estoy perdiendo

“Mamá, han quedado esta tarde para ir a la piscina de E, pero yo no voy, porque tengo que entrenar”. Se ha abierto la temporada de piscineo en los residenciales, y una vez acabado el curso, es una buenísima excusa para reunirse de nuevo en un ambiente mucho más distendido que durante el año académico.

No va porque tiene que entrenar por la tarde, las mañanas las tiene ocupadas con un curso de robótica de la universidad al que se ha apuntado, porque a diferencia de Martina, cuya máxima expresión de las vacaciones es poder estar tumbada en el sofá, sin nada programado más allá de lo que le pida el cuerpo en ese momento, Daniela aprovecha para hacer otras cosas que el horario ajustado del curso no le ha permitido.

En julio son todas las competiciones importantes de la pista al aire libre para la categoría sub16. La semana pasada el Andaluz de clubes, dentro de dos fines de semana el Andaluz individual, y a final de mes, la competición objetivo del año, su Campeonato de España, su particular fiesta de fin de curso.

Yo fui ella hace 30 años. Anteponía entrenamientos y competiciones al resto de cosas que hacían las niñas normales de mi edad. Me juntaba con otras niñas y niños normales, aquellos que entrenaban igual que yo deseando hacer la mínima para poder acudir a campeonatos en los que nos juntábamos como si fueran nuestros particulares campamentos de verano, y luego optar a entrar en el grupo más selecto aun, de lo invitados por la federación española para acudir entre 5 y 10 días, a concentraciones en Santiago de Compostela, Madrid, Alfaz de Pi,, Santander… en las épocas de vacaciones. Allí los días giraban en torno al entrenamiento, juegos de mesa, reconocimientos médicos, charlas sobre nutrición, psicología deportiva, pruebas para evaluar las diferentes capacidades, y hacer el tonto con los amigos durante los descansos y las excursiones. Los días pasaban demasiado rápido. La fiesta de fin de concentración llegaba demasiado pronto, despidiéndonos de atletas, como nosotros, y de entrenadores, médicos y directivos de todos los rincones de España, entre lágrima, deseando volver a vernos lo más pronto posible.

Fui muy afortunada por vivir todo eso. Fue mi elección natural, sin sentir que estaba haciendo alguna renuncia.

Por eso me sorprende cuando alguien piensa, e incluso me dice con cierto pesar, “lo que te pierdes”, por hacer algo que me gusta. La sensación de estar renunciando a lo que sea tiene que ver más con los intereses de cada uno que con la proyección que tú haces en mí de tus intereses. Me parece que renunciar lleva implícita la tristeza por haber tenido que decantarte por otra opción menos apetecible.

Y sin embargo, tú no tuviste que renunciar a los cafés de la tarde; a salir los fines de semana hasta las tantas de la madrugada; a beber alcohol y tontear o hacerte adicto al tabaco; a comer lo que quisieras; a las tardes interminables con amigos hablando, o jugando a las cartas, o a juegos de rol; a pasar horas bajo el sol de la playa; a los viajes de estudios…

Yo tampoco renuncié a disfrutar las tardes de entrenamiento, con la previa y el post que lo alargaban todo lo que nuestras obligaciones nos permitían; a viajar con mi club para darlo todo en una competición los fines de semana, unidos por un sentimiento de hermanamiento que salía a relucir cuando nos animábamos, pasara lo que pasara, y con nuestros “gritos de guerra”; a representar a mi comunidad en torneos de federaciones; a cuidar mi descanso y mi alimentación e integrarlo en mi vida; a aprender a gestionar mis emociones (todo pasa, tanto la euforia por haber batido un récord de España, como la tristeza más desoladora al caer en una carrera de vallas); a sacar partido de cada minuto del día; a viajar al extranjero con la selección española; a pertenecer al mejor club europeo de atletismo; a conocer a tantas personas que compartían mis intereses…

Esta fue mi opción. La balanza estaba claramente inclinada, ahora lo sé incluso más.

Daniela no piensa en lo que se pierde, ella tiene la suerte de poder elegir, aunque sin duda tendrá muchas tentaciones en su camino, porque todo lo que merece la pena, suele necesitar de nuestro esfuerzo y determinación.

1 comentario en “57º fragmento -Lo que me perdí. Lo que me estoy perdiendo”

  1. Lo que se han perdido y se pierden los demás… no hay nada más bonito para niños y adolescentes que una vida vinculada al deporte. Cuando te haces Adulfo, valoras muchísimo más la tardes de entrenamiento y postentrenamiento en el Estadio de la Juventud, los viajes en bus a los circuitos provinciales, las noches concentrados todos juntos en el hotel el día de antes de un campeonato de Andalucía en Carranque… Todo ell@s, es@s que hacen cosas normales, se han perdido muchísimas cosas que nosotros hemos tenido la suerte de vivir. Tú, hermana, en mayor medida!

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