81º fragmento -Habilidad básica: tacto rectal

Cuando mi madre se fue enterando de que una de mis habilidades básicas como residente de la especialidad de Aparato Digestivo era saber hacer un buen tacto rectal, y las sobremesas familiares se fueron haciendo más escatológicas de lo deseado, fue cuando me preguntó que por qué no había elegido una especialidad más limpia, como cardiología o algo similar.

En realidad, durante la carrera conoces las especialidades en su superficie. Uno o dos meses no dan para mucho, y probablemente tu decisión sobre lo que quieres ser tenga más que ver con la pasión que hayan puesto los que te han mostrado esa porción de la medicina, que con lo que es en realidad, y mis profesores del Hospital Puerta de Hierro eran apasionados de Aparato Digestivo, humanos y cercanos, todo lo que yo apreciaba de un buen médico.

El tacto rectal era algo tan sencillo de hacer y tan útil, que casi podríamos decir que se trataba del complemento perfecto a una buena exploración abdominal en casi cualquier urgencia digestiva, sobre todo en las hemorragias del tubo digestivo y en las sospechas de obstrucción.

El primero que hice no se me olvidará en la vida. Un hombre de unos cuarenta y tantos (aunque puede que menos, que cuando estás en la mitad de la década de los 20 todos te parecen mayores), que venía a urgencias por pérdida de consciencia y “cacas oscuras”, estaba postrado y sudoroso en una cama de observación. El hemograma indicaba que había perdido muchas sangre y no contaba nada que pudiera orientar a la causa de la pérdida.

Distinguir entre cacas oscuras (que no me interesan para nada) y heces negras o melenas (sangre digerida generalmente en el tracto digestivo superior), parece algo extremadamente difícil para quien hace el tacto rectal con cierto reparo (no digamos ya para el paciente). Las preguntas típicas para intentar evitar el tacto rectal, no suelen conseguir su objetivo:

– ¿Pero eran negras las heces? -Pues sí. ¿Pero como mi fonendo? -No mujer, tanto no.

– ¿Olían mal? (me la podía evitar, aun no he visto cacas que huelan bien, aunque una vez quedé anonadada ante una consulta en la que el paciente venía porque sus heces olían demasiado mal).

– ¿Eran pastosas? ¿Se quedaban pegadas al WC? -¡Sí, sí, eso sí!

Al final, acabamos en tacto rectal. Va a ser la prueba final que va a decidir si le evitas o no un mal rato con una endoscopia digestiva alta, probablemente sin sedación, para ver si el punto sangrante viene de la primera parte del tracto digestivo.

Aquel hombre, que seguía postrado, esperando que le pusieran al menos dos bolsas de sangre, parecía mirarme sabiendo que no llevaba yo mucho tiempo por el hospital. Bajo la mirada atenta de mi adjunta le expliqué que debíamos hacerle un tacto rectal para valorar de donde venía la sangre y así decidir el paso siguiente. Colóquese de lado, hacia allá, con las piernas encogidas, como si tuviera frío. Mientras yo cogía la vaselina urológica para impregnar el dedo índice cubierto por un guante y le avisaba de que sería solo un momento y no iba a doler. El objetivo primordial: saber si había melenas.

Tras hacerlo, estaba claro que el paciente iba directo a nuestra sala de endoscopias.

Tras terminar, él me miró y me dijo: no habrás notado resistencia. Y yo, hasta el momento tan profesional, no pude evitar ruborizarme ni encontré qué contestar.

Ese fue mi primer tacto rectal. Ya, son incontables.

Deja un comentario