110º fragmento -Las tres patas del banco (desarrollo profesional-familia-deporte)

Beatrice es una de las personas más interesantes y motivadoras que he conocido, y encontrarme con ella fue una maravillosa casualidad.

El B2 de Cambridge se presentó ante mí como un objetivo que tenía que cumplir sí o sí, para controlar algo el desorden en el que parecía sumida mi vida cuando Daniela y Martina no pasaban de los 5 y 2 años; cuando había empezado a trabajar en la privada dos días a la semana por la precariedad de los contratos en la pública; y cuando solo conseguía salir a correr a deshoras por la calle de las zonas urbanizadas sin construir aun, víctimas de la crisis inmobiliaria que se alargaba ya más de 5 años.

Y es que ver a mis hijas crecer sanas y felices, y ser cómplice de ello, no era suficiente motivación para sentirme realizada. El objetivo final lo veía tan lejano… Y por otro lado, profesionalmente, me encontraba obligada a hacer algo que no me gustaba demasiado, sin saber sacar provecho, porque seguramente siempre pensé que sería de paso, mientras las condiciones en la sanidad pública, que era la medicina que realmente a mí me gustaba, mejorasen.

Ahora me doy cuenta de que el banco que representa mi estabilidad, ese equilibrio que debes encontrar como persona, se ha sustentando siempre en tres patas: mi desarrollo personal-académico-profesional, las relaciones personales-familia y la actividad física. Partiendo de ahí, es imposible que yo esté medianamente cuerda sin que haya un equilibrio entre estas tres, para que el banco no cojee.

Si el tiempo fuera un área circular que tuviera que ocupar con sectores que representaran a cada una de estas tres patas de mi banco particular, no podría hipertrofiar demasiado una de ellas, quitándole espacio al resto. Para mí, las tres son importantes, y al igual que no podría ser feliz del todo ocupando mi círculo imaginario con mi trabajo y sus aledaños (cenas, congresos, cursos, estudio, guardias…), tampoco lo sería dedicando la mayor parte del mismo al cuidado de mis hijas (tampoco creo que sea necesario). El deporte, como podéis suponer si ya me habéis leído antes, es algo innegociable, por tener muchísimos beneficios para mí y para quien me rodea, que en este fragmento no vienen al caso.

Y decía que, me encontré con Bea por la calle. Dejé las clases de inglés con ella cuando tuve que hacer reposo absoluto durante el embarazo de Claudia, unos dos años después de haberme sacado el título de Cambridge (B2) en un tiempo récord de 3 meses en el que el inglés se volvió mi obsesión. Continué con ella porque una hora y media a la semana, en un horario en el que las niñas ya estaban acostadas, nos juntábamos un grupo variopinto de 3-4 personas, que dirigidas por ella, intercambiábamos inquietudes y opiniones sobre temas que ella iba proponiendo, por supuesto en nuestro mejor inglés, recordándome a veces a las películas americanas en las que los estudiantes formaban equipos para debatir.

Beatriz lleva 9 meses haciendo deporte y es como si hubiera hecho un descubrimiento similar a pasar de un mundo en blanco y negro a otro en color. Artes marciales mixtas que la dejan extenuada para llegar a casa y ducharse sintiéndose la mujer más feliz del mundo, y una de sus mayores preocupaciones es que pueda estar robándole tiempo a su hijo.

El día, con sus 24 horas, mi círculo. Menos si duermes. No puedo dejarme ningún sector sin representación significativa. La importancia de cada uno de ellos será distinta para cada persona, pero habrá que intentar que al final, la distribución, cuando la contemples, te haga sentir satisfecha. Además hay que pensar que no son sectores estancos y perfectamente delimitados. Yo comparto con mis hijas y mi marido mucho de lo que tiene que ver con el deporte, siempre se puede encontrar la forma. Me pedí reducción de jornada (unos 400 € menos) para poder realizar tareas que de otra forma hipotecarían mis tardes (hice una redistribución del tiempo), y no me permitirían llevarlas a sus actividades de ocio (atletismo, gimnasia, inglés, teatro…) o pasar parte de esas tardes con ellas, o hacer deporte. Y cada vez pienso que nos sale mejor, que somos capaces de encontrar ese equilibrio donde habita la felicidad sin sentirnos mal ni renunciar a aquello que nos gusta.

La vida es cuestión de prioridades, basta valorar las tuyas, mirarlas de lejos y saber si de verdad te sientes satisfecho con los sectores en que dividiste tu círculo.

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