128º fragmento -Pretemporada: lo que no me gusta

El otro día escuchaba como los que habían retomado la actividad física después del verano, habían notado los estragos de…, mínimo, 1 mes de parón, aderezado con los excesos de la época estival. ¡Qué desagradecido es el cuerpo!, decían. Te descuidas un poco, y al volver, es como si nunca antes lo hubieras sometido al más mínimo estímulo.

Y es que nuestro cuerpo está perfectamente diseñado para ahorrar. No quiere gastos energéticos innecesarios, y en cuanto algo no se usa, pues tiende a devolverlo a su estado de reposo, con las funciones metabólicas mínimas para poder sobrevivir, y todas las adaptaciones que hayas conseguido en tu periodo de entrenamiento, o de actividad física más o menos estructurada, quedarán adormecidas. Sí, adormecidas. Porque aunque la pérdida de forma física es exponencial según pasan los días de reposo, algún recuerdo queda en ese músculo, por lo menos durante un tiempo, y cuando regreses, te costará algo menos volver al estado en el que lo dejaste.

En los últimos dos años y medios, mis descansos no han durado más de 2-3 semanas. Descansos de entrenamientos estructurados según la época de la temporada. Nada de dos meses parada como hacía cuando era niña. En tres semanas ya se nota la pérdida de forma, y eso, sumado a que la pretemporada trae entrenamientos que ya había olvidado, hace que este periodo sea terriblemente duro (se me olvidaba el calor que hace, que este año hemos empezado a entrenar a mediados de agosto).

Me gusta correr mediofondo, nada más allá de los 1500 m. Se me hace terriblemente duro correr largo, es un sufrimiento que no está hecho para mí. La deuda de oxigeno acumulada y las múltiples molestias que van surgiendo a lo largo de un rodaje largo, o en una carrera de más de 5 Km me gusta mucho menos que el sufrimiento relacionado con el aumento del lactato y la bajada de pH de los músculos. Me gusta esa sensación de correr rápido hasta que mis piernas llegan a bloquearse, con la sensación de que te vas a caer en la siguiente zancada, y que intentar mantener la compostura corriendo en esas condiciones sea todo un reto. Me gustan los entrenamientos específicos para ello. Ya sé, suena un poco masoquista. Lo es.

Ahora tengo rodajes largos que se me hacen infinitos. Ayer hice uno de una hora. 14 kilómetros.

Cuando tengo estos entrenamientos tengo que perder (ganar) un poco de tiempo motivándome antes de comenzar. En mi cabeza lo estructuro en segmentos (de 3 Km, por ejemplo), tras los que me reseteo para pensar en el próximo segmento. Si puedo, con música (U2, Coldplay, Harry Styles…, son los que me acompañan últimamente). Si voy con Inda a mi lado, hablando, a veces escuchando más que hablando, mucho mejor. Compartir un rodaje lo hace más ameno, más sencillo, más probable que sea finalizado…

Los rodajes largos y los ritmos controlados me cuestan mucho, sobre todo mentalmente. Me aparecen dolores y quejas por todas partes de mi cuerpo y necesito distracciones para sobreponerme a ellas.

Estos entrenamientos son un reto para mí, y por ello acabarlos con buenas sensaciones, es un auténtico subidón.

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