Sea cual sea tu objetivo deportivo debes saber que por mucho que te empeñes tu crecimiento nunca será lineal.
Recuerdo cuando al principio, cuando cambié de entrenador, pasaban las semanas sin que hubiera un entrenamiento malo. Tenía mucho margen para mejorar y con el más mínimo estímulo, mis piernas parecían adaptarse para correr un poco más lejos o más rápido la semana siguiente.
Mis entrenamientos suelen distribuirse en microciclos semanales, con crecimiento de carga y volumen (ahora) desde la primera a la tercera semana, y una cuarta semana de descarga. A veces lo cambiamos un poco para adaptarlo a una competición, pero en general, esa es la cadencia. La tercera semana es tremenda. Llegas con las piernas cargadas, con todo tipo de molestias por sobrecarga, cansada… pero aun así, cuando empezaba, el crecimiento no es que fuera lineal, es que incluso podía ser exponencial.
Me acuerdo de cuando iban saliendo los entrenamientos de esa manera (todos magníficos, como si no fuera a alcanzar nunca el techo) y mi entrenador me decía: “Ya veremos el día que salga mal. Hay que mantener la motivación”. Y es que ahora que llevo ya dos años y medio con él, ha transcurrido el tiempo suficiente para saber:
• Que muchas veces tus entrenamientos no tienen por qué reflejarse en las competiciones, y eso te desespera;
• Que no todas las semanas irás mejorando tiempos de series, sensaciones a la hora de entrenar, e incluso habrá días en los que no puedas acabar (o te diga, quien te entrena, que mejor paras);
• Que cuando mejor estabas entrenando, vendrá el covid para devolverte a la casilla de salida, arruinando la progresión de tus últimas cuatro semanas cuando ya estabas a punto de empezar a competir…
Al final, una temporada, es como una vida. Necesitas mantener presente un objetivo, que a veces tendrás que modificar según los obstáculos que surjan si no quieres acabar frustrada. Será muy fácil mantener la motivación cuando todo sale bien, pero lo complicado vendrá cuando tengas que parar por enfermedad o por sobrecarga, y aun más complicado será saber reconocer que tienes que descansar y bajar el pistón, porque si no, puede llegar la fatiga crónica, y no podrás entender cómo a pesar de poner todas tus ganas y toda la carne en el asador, las cosas salen cada vez peor.
Cada día estoy más convencida de que hay que escuchar al cuerpo, y que un entrenamiento de un día, a pesar de que en el papel sea idéntico al de la semana siguiente, nunca será el mismo entrenamiento. Tú te habrás enfrentado a él en distintas circunstancias, las que tú traes (estado de ánimo, cansancio, molestias, alimentación, descanso…) y las que te encuentres ese día (temperatura, viento, humedad…). Por ello, todo hay que relativizarlo, como dice Roberto. Hoy, mi ritmo controlado venía después de 3 días de entrenamientos intensos y un día entero de trabajo. Escuché al cuerpo y dejé de enfadarme al ver lo que marcaba el GPS (más bien me enfadé menos de lo que antes hacía). Este entrenamiento tiene mucho valor, aunque los números del Garmin no lo digan.
El crecimiento de tu forma física nunca será lineal, pero si consigues superar cada uno de los obstáculos que se vayan presentado, indudablemente conseguirás el éxito.
Usain Bolt decía que hay gente que se desespera cuando después de 3 meses no ha conseguido su objetivo. Él entrenó durante 4 años para ser campeón olímpico en una carrera de menos de 10 segundos.
Perseverancia, pase lo que pase. Todo suma. Todo cuenta.

