¿Cómo mantener la motivación? ¿Cómo seguir caminando hacia un lugar que consideraste que era al que querías llegar, cuando por el camino pueden darse tantas circunstancias que no esperabas, incluso alguna que te haga cambiar de opinión y quebrantar tu voluntad para luchar por aquello que consideraste lo más importante.
Tu talento, tus inquietudes, tus preferencias, incluso los que te rodean, habrán tenido que ver en hacia donde decidiste dirigir tus pasos. Puede suceder antes o después, o tal vez nunca, quien sabe. Metas a largo plazo pueden ser difíciles de mantener, así que lo mejor será descomponerlas en etapas, como lo hago con los rodajes largos, para poder celebrar como un triunfo cada meta volante que consigas.
El otro día viendo una serie, el protagonista decía algo así como que había encontrado su cometido en esta vida. Me parece romántico pensar que cada uno de nosotros tenga un cometido en esta vida, como si nadie más pudiera realizar esa tarea, o como si esa fuera la única razón por la que vivir. A Alex le hizo pensar, y en voz alta dijo: tal vez nuestro cometido sea ayudar a nuestras hijas a que se realicen, sean buenas personas, y consigan cosas importantes para el resto de la gente…
Estuve de acuerdo. Pero ese es solo uno de nuestros cometidos.
No sé si algún día conseguiré hilar mis pasos hacia un único objetivo que sea capaz de acaparar todas mi energías para sacar el máximo provecho de mí en relación a eso que decidí hacer. De momento lo vivo de otra manera. Mis energías, mi fuerza de voluntad, mi interés, mi cometido… se reparte, no lo puedo evitar. Tengo ante mí demasiados focos a los que prestar atención y cada día que amanece encuentro infinidad de cometidos en mi vida (y además, cambian).
Hay días en los que me siento que puedo con todo, que nada me sobra, que incluso puede que me falte hacer algo más…, otros días creo que si doy un paso más caeré agotada. Nada es tan perfecto como aparece en la historia que cuentas con tus fotos de Instagram, donde parece que un día de trabajo transcurre entre risas y sin agobios, los entrenamientos siempre salen, tus hijas siempre están felices y dispuestas a colaborar, y las vacaciones fueron míticas cada una de las horas que duraron.
Los días transcurren poniéndote a prueba a cada paso, y pocas veces reflejaremos en las redes sociales nuestros miedos, nuestras dudas, o aquello que nos cause desazón, pero eso no hará que dejen de existir.
Mi día comienza antes de que suene el despertador porque por alguna extraña razón me despierto poco antes de que suene. Lo hago temprano, para tomarme mi tiempo en el desayuno viendo las noticias que algunos días apago por repetitivas. Después de esta especie de pausa, todo se acelera para salir de casa a tiempo de llegar al hospital y empezar con ese pólipo que me llevará unas 5 horas quitar, acompañada del mejor equipo que pudiera desear, terminando con las rodillas entumecidas por no cambiar de posición, los dedos tetanizados, y los pies hinchados. Viernes. Fin de semana. Almuerzo en casa de mis suegros, sobremesa, y un rato para descansar antes del penúltimo entreno de la semana, con Daniela y Manolillo, sin ganas, y muy cansados, pero con la convicción de que éste también sumará. Diagonales: mortales cambios de ritmo que te hacen pensar que no podrás más mucho antes de acabar. Fin. Vuelta a casa andando. Ducha rápida. Cumpleaños de mi prima en casa de mis tíos, con la familia… Y os aseguro que, desde que terminé de revisar la zona de la resección del pólipo, una vez que pudimos cantar victoria por solucionar un problema a una mujer de 42 años, lo único que habría deseado, lo único que deseaba, era descansar.
Mi motivación no siempre está al l00%, ni la vida es ni será siempre perfecta, al igual que los días (habrá horas mejores que otras), pero siempre habrá que estar dispuesto a recobrar ese 100%, o por lo menos acercarse lo máximo posible. Recobrar el equilibrio, eso es lo que me parece que es.

