Martina quería hacer pis, y en la parcela en la que nos encontrábamos al lado de la playa, no había donde hacerlo, así que me la llevé a unos baños públicos que había a unos 200 metros, y con mucho cuidado de no tocar casi nada, hizo pipí.
Volvíamos a la zona de recreo andando por la playa y veíamos a lo lejos jugar a muchísimos niños y niñas de edades entre los 7 y los 15 años más o menos. Se estaban revolcando con las olas, pasándolas por debajo, dejándose llevar…, de vez en cuando salían corriendo del agua o entraban a darse un chapuzón de cabeza…, y me acordé de nuestro paso por la Warner Beach. No pude evitar la comparación.
En el parque acuático éramos los raros, nosotros y otra familia con la que nos cruzamos con hijos varones algo mayores que las mías, que también debían de practicar deporte. El resto, fácilmente rayaban la obesidad mórbida o no podía ni intuirse la forma de ningún músculo. En el playazo de Nerja, los niños y niñas jugaban con sus cuerpos atléticos, llenos de vida, de energía, y de fuerza, y era difícil encontrar (por no decir imposible) a alguien que tuviera algo de sobrepeso.
Lo raro, porque ahora es lo raro, se había concentrado para celebrar el fin de la temporada y hacer una convivencia familiar, y había conseguido que lo que debería ser normal, lo fuera en esa parcela donde se cocinaba una paella gigante (o dos) y carne a la brasa para alimentar a 350 personas relacionadas con el atletismo. Familias enteras y amigos unidos para celebrar los éxitos del club.
Siempre me sentiré agradecida por el esfuerzo de mis padres por inculcarnos el amor por el deporte y por permitirnos conocer distintas disciplinas hasta que cada uno de nosotros fuimos encontrando lo que más nos gustaba. Eso nos permitió forjar amistades en ese entorno y alejarnos de otras actividades no tan saludables. Cada uno de mis hermanos y yo recordamos nuestra época de niñez y adolescencia como deportistas con mucha nostalgia, y todos, de alguna manera, nos hemos mantenido unidos al deporte. Fue una gran inversión.
Estoy absolutamente convencida de que la actividad física es una pieza fundamental para el adecuado desarrollo de cualquier persona (eso ya lo sabían los griegos), y no puedo evitar que me de cierta pena quien no encuentra el momento ni la forma de reservar un pequeño espacio de su tiempo para invertir en su bienestar, sobre todo ahora que hay tanta información y tantas formas posibles de mover el esqueleto.
Los raros deberíamos ser lo normal.
Y sin embargo, lo normal comienza a ser buscar la manera pasiva de perder peso, sin necesidad de ejercitar tu fuerza de voluntad.
Cuando veo a alguien joven con obesidad mórbida no puedo evitar pensar en qué momento decidió abandonar a la deriva a su cuerpo. Cuando dejó de importarle, o por qué no pudo tomar las riendas y cambiar de dirección.
Necesitamos educar sobre nutrición y actividad física desde muy temprano a niños y niñas, y a sus progenitores


Fotaza jajaja (ya la había visto antes por Arturo)
Me encanta esa foto. Parece un montaje 😂