151º fragmento -Época de exámenes, adiós al deporte

“Fulanito, tienes dos exámenes la semana que viene, ¿no pretenderás seguir yendo a atletismo todos los días de la semana?”

Me imagino a mí misma, escuchando esto, volviéndome un clon de mi Martina, que con una perfecta torsión de cuerpo y ojos que parece que le den vueltas en las órbitas, diría: “¡¿Perdona?!”, acentuando cada una de las sílabas de la palabra, sin esperar respuesta que pueda justificar lo que acaba de escuchar.

Y yo, que creía en mi happy world que esto eran creencias del pasado, me sigo encontrando con padres que ya en primaria restringen la actividad deportiva de sus hijos, porque el niño o la niña en cuestión tiene que estudiar para un examen, o dos, o todos los que vengan. Perdona, eso no es nada más que falta de organización y desconocimiento de la importancia de cada cosa.

Hay un profesor en un instituto al que se le llena la boca diciendo que ahora mismo los alumnos se preocupan más por la actividad física que por cultivar su mente, y que es un error. Nada más lejos de la realidad. Quizá quiso decir este hombre, que se esmeran más en tener un físico atractivo, trabajado en el gimnasio, y tal vez, puede ser, que alguno se centre demasiado en su estética y deje de lado el cultivo de su mente. El caso es que esta tampoco es la actividad física ni la cultura deportiva que buscamos. Los cánones de belleza masculina han hecho proliferar el número de adolescentes que acuden a los gimnasios para modelar su cuerpo, pero tal vez en muchas ocasiones sin una guía adecuada, y poniéndose en contacto con sustancias que facilitan esa hipertrofia muscular que buscan, sin que sepan que acaban de sentar a su hígado en una mesa de ruleta rusa (hepatitis agudas fulminantes con trasplantes en código 0), facilitando la aparición de ginecomastia (tetas, tejido mamario, nada que ver con los pectorales que buscan), micropenes, y disminución del tamaño testicular. Eso sí, músculos inútiles, también tendrán (bueno, útiles para impresionar).

La actividad física que pretendemos que practiquen nuestros hijos e hijas, y que les siga acompañando a lo largo de una vida abocada casi irremediablemente al sedentarismo que nos enferma, debe empezar desde que tienen uso de razón, y tiene la misma importancia que su desarrollo intelectual. No sacrifico yo ni un día de entrenamiento de mi hija Daniela (ni ella tampoco), ni una clase de inglés de ninguna, ni un día de vóley de Martina, ni uno de gimnasia de Claudia, por tener que estudiar; al igual que no sacrifico ir al colegio ni hacer los deberes, ni tener que estudiar, por tener que hacer deporte.

El equilibrio, la organización, el entrelazar cuerpo y mente, es fundamental.

Hoy, entraba por el estadio y saludaba al vigilante de seguridad que hay en la garita de entrada. ¿Dónde están tu hijas?, me preguntaba. Yo venía de dejarlas en el pabellón, donde llevaba desde hacía más de dos horas, entre el vóley de Martina y la gimnasia de Claudia. Daniela se incorporaría en breve al calentamiento. Él habló como si fuera yo. Me contó que su hijo, de 18 años, era un jugador de fútbol muy bueno, que ya estaba en liga nacional, que ahora lo había apuntado al gimnasio para complementar su entrenamiento. “El deporte es lo mejor que hay” decía. “No solo para el cuerpo, sino porque también te ayuda a estudiar mejor, a despejarte, a estar tranquilo, a afrontar todo de mejor manera…”

No podemos estar más de acuerdo.

El inicio adecuado del fragmento de hoy debería haber sido: “Fulanito, vamos a ver como nos organizamos para tener tiempo para todo, que no nos pille el toro, que luego llegan las competiciones y los exámenes y hay que tenerlo todo previsto”

Igual que no se entrena solamente el día anterior a una competición (de hecho, se suele descansar), no se debería estudiar solamente el día anterior del examen. Aprender, no es eso.

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