150º fragmento -Hoy no me leáis. Hoy estoy muerta.

Acabé el día muerta sin un solo momento para sentarme y pensar en mí.

El cuerpo está, supongo, afrontando una revolución inmunológica secundaria a las tres vacunas que me inyectaron ayer: segunda dosis de hepatitis A y 4ª del coronavirus; y la gripe estacional. “Te toca la de las hepatitis, pero como estamos de oferta, perdón , de campaña, te podemos poner la cuarta del coronavirus y la de la gripe. Son tres pinchazos. Si lo prefieres te ponemos hoy dos y la semana que viene la otra”.

Dos posibles “mal cuerpo” con una semana de descanso me pareció demasiado: “Ponme las 3, y que pase lo que tenga que pasar (entre risas)”.

Creo que una es de ARN, otra de virus atenuados, otra de inactivos…., sí, ya sé que soy médico y debería preocuparme por esto, pero hace tiempo que lo estudié y ahora que no lo utilizo para nada, confío plenamente en lo que me digan los de salud laboral, y si ellos dicen que no pasa nada si me pongo las tres juntas, pues venga.

No puedo levantar los brazos sin un dolor parecido al de las agujetas.

Tengo el cuerpo como si hubiera pillado un “enfriamiento” de esos tan comunes para nuestras abuelas, y para mi Manolillo. La piel hipersensible, el aliento parece que quema cada vez que pasa por las fosas nasales, la garganta como si estuviera inflamada, y pinchazos musculares cuando he intentado correr. Toca descansar a la fuerza, no sin antes soltar las piernas.

Todo el día trabajando. Las continuidades asistenciales que te dejan apenas una hora libre entre turno de mañana y tarde (no siempre tanto tiempo), a veces pueden ser demoledoras, todo depende de cómo haya ido la mañana, y las sorpresas que te traiga la tarde. En parte me gusta eso de mi trabajo, casi nunca se repite lo que haces, y aun siguen sorprendiéndote diagnósticos e imágenes endoscópicas.

Esta mañana salí de casa arreglada como a mi madre le hubiera gustado para ir a trabajar como una señora doctora; con la mochila deportiva para llevar la ropa de entrenamiento, las zapatillas y el almuerzo, comida y merienda en una mano; y con la bolsa que me regalaron en Reyes de hace 3 años de Tous con el ipad y algunos documentos que me tengo que repasar, el altavoz bluetooth que tan bien me viene para ambientar la sala de endoscopias y de vez en cuando calmar a los pacientes con su música favorita (elija la canción, les digo, las tengo todas), y las gafas por si las lentillas me hacen daño, en la otra mano.

La mañana ha sido entretenida, con casos complejos que agotan cualquier cuerpo debajo de la falda y el chaleco de plomo, pero terminados con el buen sabor de boca que se queda cuando todo sale bien finalmente. La tarde, 10 pruebas no especialmente difíciles, pero 10 pruebas.

Abro la taquilla y veo la mochila, reviso el estado de mi cuerpo y todas sus sensaciones, pienso en irme a casa directamente.

A las 20.30 llego al estadio. 20 minutos antes me había terminado de cambiar en el hospital y me había calzado las zapatillas con la intención de mover el cuerpo, aunque no fuera haciendo todo lo que tocaba. Porque hoy, no puedo con todo, pero casi.

Segunda parte de la Champion mientras ceno, ducha, paracetamol, y ya mañana, será otro día.

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