Decía Pérez-Reverte que le gustaría ser más inocente y menos escéptico.
Y es que según él, el paso de los años te va robando esa inocencia y te hace ver todo desde la experiencia que te han dado tus vivencias a lo largo de la vida.
Y andaba yo pensando eso mismo estos días, cómo con el paso de los años todo se vuelve más sereno, las emociones parecen apaciguarse, y los días suelen transcurrir planos (que no tranquilos y sosegados, que siempre hay prisa). Pensaba en la poca ilusión que me hacían ahora las bodas, porque de forma irremediable no podía dejar de asociar la celebración de tan magnífico evento a la información que alguna de mis hijas traía desde su colegio, donde parece que más de la mitad, y creo que empiezo a quedarme corta, de los padres y madres de sus amigos y amigas, están separados. Y ese pensamiento inseparable a la cita tan esperada, casi me hace querer dar más un pésame que una enhorabuena. Y sin embargo, la gente sigue casándose, supongo que convencidos de que eso del divorcio es solo cosa de otros.
Así me casé yo. En uno de los días más felices que recuerdo, completamente convencida de que por fin había encontrado a quien sería mi compañero de vida, con toda la ilusión del mundo. Y ahora dice Daniela que somos los raros, porque seguimos caminando juntos.
Otra cosa que me gustó de la entrevista es que deberíamos afrontar el ocaso, el que nos toque vivir, con sosiego, con calma y serenidad. En realidad, nuestra vida tiene sentido porque tiene fin. Saber esto hace que de alguna manera podamos disfrutar y sufrir de todo aquello que nos vaya pasando en el transcurso de los años, si no, a mí me parece que perdería todo su sentido.
La muerte, que espero que llegue tarde, me produce cierta curiosidad. ¿Qué ocurrirá cuando se apague todo? Y aunque en lo más profundo de mí esté convencida de que la luz se apagará y ya está, con mayor o menor sufrimiento previo (que es lo que realmente me aterra), en la superficie de ese pensamiento jugueteo con la idea de una realidad paralela donde pueda andar otro camino, o una reencarnación en otra vida, todo esto mucho mejor que permanecer en el cielo de los cristianos (aunque también dependerá de la vida que iniciemos).
A mí también me gustaría recuperar la inocencia y no tener parte de mis emociones adormecidas por el peso de la experiencia. Y sin embargo, conforme escribo esto, pienso que en realidad solo hubo un cambio en los estímulos que pueden producir en mí la misma emoción que despertaron las primeras bodas de mis primos y amigos.
Al final, las pasiones se van reordenando, y tu escepticismo se vuelve creencia ciega cuando siguen apareciendo motivos para que continúe temblando tu alma.
Tal vez no deba quejarme de no creer en lo que antes creía, porque la vida es eso, un cambio continuo. Hoy no somos los que fuimos ayer (aunque sí lo seamos en esencia).

