Veo a gente en el gimnasio moviendo las máquinas sin un ápice de energía ni de control del movimiento que están realizando.
Tengo un libro pendiente de leer en la mesita de noche que habla acerca del entrenamiento de fuerza basado en la velocidad (he cambiado la literatura novelesca por libros sobre entrenamiento), y aunque sería aventurarse demasiado a decir por donde van los tiros sin haber leído ni siquiera la primera línea, lo que sí puedo decir con lo poco que sé, es que eso que veo en el gimnasio y nada, pues prácticamente sea lo mismo, y lo más grave aún, que la que lo está haciendo ni siquiera es consciente de estar haciéndolo mal (una pérdida de tiempo).
Lo mismo ocurre con aquellos que veo corriendo por la calle. Para casi todos los deportes que se te ocurran necesitarás un monitor que te enseñe la técnica, pero para correr… para correr no, porque parece que todo el mundo sabe. Y nada más lejos de la realidad.
Mi hija Daniela nació con la técnica de carrera de serie, y aunque seguimos depurando detalles (algunos de ellos probablemente incorregibles y de autora), ella ya corría bien desde el mismo día que decidió que ya era capaz de impulsar de un pie a otro, teniendo fase de vuelo. No ha sido así para Martina, e intuyo que tampoco ocurrirá con Claudia por como la voy viendo. Su correr natural dista mucho de ser de los mejores, y hay que estar encima de ella (de Claudia aun no), para que ponga un poco de atención en cómo llevar brazos, tronco, y la impulsión de sus piernas, sustentadas por un pie lo suficientemente armado para que salgan rebotados como si fueran pelotas de goma.
Me gusta observar cómo anda y cómo corre la gente. Y es que no somos conscientes de la gran variedad de marchas y carreras que existen, y de cómo sin darnos cuenta, tenemos multitud de defectos que pueden tener infinidad de soluciones distintas una vez descubierta la causa.
Correr bien, salvo para unos pocos afortunados que nacieron con esa destreza (como el que nace dotado para resolver complicadas operaciones matemáticas), es complicado. Y correr mal, es muy fácil y lesivo.
Fácil, y sobre todo lesivo. Pies que pronan, entrada de talón, ciclo posterior, rodilla en valgo… que creemos que fácilmente vamos a solucionar comprando unas maravillosas zapatillas en una tienda especializada, sin echar cuentas de que tal vez necesites más fuerza, compensar cierta musculatura de miembros inferiores, ejercicios de técnica de carrera, saber y automatizar el movimiento de braceo….
Correr es un ejercicio de alto impacto. Si el impacto lo realizas de forma repetida sobre estructuras que no deberían estar implicadas, el resultado más obvio será el de una lesión.
Prevenir no es comprar la mejor equipación e ir al fisio.
La mayoría corremos mal, en primera persona del plural, y necesitamos estar continuamente corrigiendo nuestras sensaciones y realizando ejercicios para que la carrera no solo sea lo más eficiente, sino también lo menos lesiva posible.
Si has decidido correr, invierte en aprender a hacerlo bien.

