Más de 10 días de encontrarme mal físicamente dan para mucho.
De momento, todo se aturulla a las puertas del TO DO esperando su turno sin orden ni concierto, formando un enjambre molesto que lejos de ir desliándose se atropella para no saber ni por donde empezar. En estos últimos 10 día no hubo tiempo para el autocuidado ni la pausa necesaria para regodearte en la enfermedad y disfrutar, si es que se puede de alguna manera, de estar haciendo nada. Había demasiado que hacer.
Al menos los medicamentos hacían su efecto y daban la tregua necesaria para continuar en el trabajo y en las actividades extrahospitalarias. 10 días de seguir como tocara con tres viajes: a Atapuerca; a A Coruña; y a Itálica. Uno de participante a duras penas, otro de oyente y discente emborrachada por el Codeisán para no dar un concierto tusígeno en el auditorio (en algún momento no lo pude evitar), y el colofón final para reunirme con el resto de la familia en Sevilla y disfrutar viendo correr a mis enanas, amigos, y élite internacional.
Domingo, a las 21.30, entrando en casa con el alma a rastras.
No hubo tiempo ni ganas para escribir.
No hubo de qué.
De vuelta, toca no tener prisa, otra vez. De vuelta, todo espera a ser atendido. Y en breve, la fiesta del mundo de las prisas continúa.
Hoy hice de ama de casa. Me llevó toda la mañana hacer la compra, el almuerzo, recoger a las niñas, y reorganizar armarios y ropas. Y como la sensación era de haber perdido completamente el tiempo, en la pizarra he apuntado cada una de las tareas realizadas para darle valor a las horas que les dediqué. Una autopalmadita en la espalda.
Volver a entrenar cuando solo he sacado tres días de hacer algo más que nada en esta última semana y media se hace tan cuesta arriba… Hacerlo sin pretensiones más allá de volver a recuperar sensaciones y el ritmo que llevaba, sin tener en cuenta tiempos, ni otra cosa que no sea lo que me diga mi cuerpo, se hace igualmente difícil. Me imagino como si hubiera caído en el pozo del juego de la oca y me llevaran de nuevo casi a la casilla de salida. Durante este tiempo de falta moderada de salud aflojé mis retos nutricionales y llevé a cabo una dieta saludable pero no estricta. Necesitaba dejar de pensar y solo quería que avanzaran los días.
Ayer por la mañana regresaba a endoscopias con un polipectomía compleja que fue muy bien (a pesar de lo difícil y el tiempo que tuvimos que emplear).
Por la tarde volví con el entrenamiento reglado, una semana de semicarga para ir valorando la situación. 6×400 + 6×200 en un día de perros, donde el viento te frenaba en seco entrando en los últimos 160 metros. Y lo empecé con la única idea de acabarlo sin forzar demasiado, mientras Manolo completaba sus 12 x 500. Una media de 1:16 y 34.0 descansando un minuto. Un entrenamiento para la saca con mucha carga externa, y más interna.
Descorchamos la botella y empezamos a caminar de nuevo después del lapso.
Hoy comencé a reordenar mi habitación. El enjambre fue tomando forma y ahora parece que se van poniendo en fila. Al igual que sonreír externamente parece que ayuda a cambiar de humor, ordenar lo exterior tiene un efecto análogo con los TO DO.

