190º fragmento -Pique madre-hija (o al revés)

Ella no lo sabe, aunque se lo haya repetido hasta la saciedad, pero cuando veo que no puedo seguirla en alguna parte o en todo el entrenamiento, me hincho de orgullo. Por algún motivo pensé que el sorpasso sería un poco más tarde, pero viéndola venir, puede que a mi aun lento, pero progreso, le pase el rápido desarrollo que está experimentando ella en todos los sentidos. Entrena menos volumen, y en principio, también a menos intensidad, pero cuando coincidimos, la tengo pegada como una lapa o adelantándome como si no hiciera ningún esfuerzo para ello.

Ella se emociona. Yo más.

Ella se pica. Yo no. Pero ella cree que sí, que a mí me da cierta rabia que ella sea capaz de acabar un fartleck más rápido que yo, o acelerar en la última serie sin que yo pueda hacer nada por evitar que se me escape unos metros.

“Daniela, hoy estoy echa una braga”, le digo antes de empezar el que será mi segundo entrenamiento después del prolongado “catarro”, y después del entreno de ayer, que tampoco fue tan mal para como lo esperaba.

Tenemos 6 Kms progresivos por delante después del calentamiento y queremos empezar sobre 4.05 el primero para después ir progresando. Y solo de pensarlo se me hace un mundo, porque a mi me cuesta arrancar, y ella arranca como las motos. Yo por fuera, ella por dentro en un circuito de césped artificial con desniveles de 600 m la vuelta aproximadamente.

Empiezo como ayer, sin demasiadas expectativas y a verlas venir, y al tercer Km me encuentro mucho mejor de lo esperado. Ya vamos por 3.49 el Km y ella me dice: “sí, como una braga” a modo de protesta, y yo sigo progresando.

Me gusta entrenar con ella, porque veo como crece su motivación. Lo ideal sería tener un grupo más amplio con quien compartir, gente con objetivos parecidos que se pudieran beneficiar de entrenar conjuntamente. No hay nada mejor que entrenar en grupo, sobre todo cuando son entrenamientos difíciles. Además, las capacidades estarán repartidas en el grupo, y a algunos se les dará mejor un tipo de entrenamiento que otro, de tal forma que siempre habrá alguien que tire del carro y otro que se enganche de forma alterna.

Aprieto un poco más y pasamos en 3.44. Ella empieza a descolgarse, pero sin dejarse demasiado. En mi cabeza, las tres últimas vueltas (1800 metros) se presentan como si fueran un entrenamiento aparte donde hay que empezar a darle más al zapato. Y así, acabo en 3.37 y 3.23 el quinto y sexto Km, feliz porque tampoco parece que haya perdido tanto (de la parte aeróbica) en este trance.

Daniela llega poco después, con gesto de cabreo. Me reprocha que ni si quiera haya mirado atrás para saber si estaba bien. Tal vez esperaba que la esperase. Se siente engañada por mi comentario inicial acerca de mi paupérrimo estado. Ha confiado en que podría seguirme y no ha podido (a pesar de que en otros entrenamientos me ha dado canela en rama). Yo me río y le explico que por su puesto que no la voy a esperar. Ella lleva un crono igual que yo y sabe cuales son sus ritmos. El enfado le dura un pelao. Nos vamos al gym a seguir con la fuerza.

Estudios, deporte, y tiempo compartido con ella. A la fuerza ha tenido que aprender a organizarse para sacar la máxima rentabilidad a su tiempo. Tiene las ideas tan claras, que me asusta.

Que siga la fiesta.

Deja un comentario