A Martina no le gusta correr, al menos no como le gustaba a Daniela a su edad, al menos no largas distancias.
Martina va a atletismo porque la parte social de ir al estadio puede más que el sufrimiento que va a experimentar cuando le manden dar 3 vueltas al circuito de césped, porque además, ya se las apañará ella para no cansarse demasiado y juntarse con la cola de grupo para seguir el parloteo con sus amigos.
Yo la observo desde la grada. Ella me mira de vez en cuando, y solo cuando se cruza con mis ojos, trata de rendir más de lo mínimo imprescindible. En ocasiones se siente pillada, aunque yo no sea una madre exigente ni le pida explícitamente que de más, aunque a veces si la anime desde la grada a que alargue la zancada o se concentre un poco más en el siguiente salto que va a dar.
Durante la cena hablamos. A ella le gusta que vaya a verla, a atletismo y a vóley, pero le gusta bastante menos que le comente lo que me ha parecido el entrenamiento cuando no va a escuchar algo que le guste. “Martina, ¿qué tal hoy el entreno?” y veo que no está contenta, o tal vez no lo esté porque piense que la he pillado escaqueándose de alguna manera. Bufa y dice algo que no entiendo. Ella, tan disciplinada en las cosas del cole, tan concentrada en el deporte de la pelota, no entiende del sufrimiento masoquista del atletismo. “¿Sabes que la capacidad de sufrir también se entrena?”, “Tienes dos opciones, o continuar como estás, y seguramente las distancias entre el resto de compañeros que si se esfuerzan y tú sean cada vez mayores y te sientas más fuera que dentro del grupo…, o esforzarte por hacerlo lo mejor posible, reduciendo o manteniendo distancia con el resto, pero sintiéndote satisfecha por haber dado lo mejor de ti, como haces en el resto de las cosas”. Y ella, que escucha silenciosa, no piensa que yo esté enfadada, porque realmente no lo estoy, pero sí que creo que soy responsable de que sepa adonde le llevan sus decisiones. Es libre de elegir, pero cada camino tendrá sus cosas buenas y sus cosas menos buenas. Que sopese y decida, luego no podrá quejarse.
Hace dos semanas de eso.
Alejandro ha ido a los últimos estrenos y la ve mejor, más integrada y concentrada, lejos de la cola del grupo.
Ella me cuenta mientras cenamos todo lo que ha hecho, incluso con lo que le cuesta correr largo. Se han concentrado y ha terminado mejor que nunca, mientras otras amigas suyas se escondían en el baño esperando que pasaran los demás para incorporarse en la última vuelta, incluso aquellas que parecen tener más talento que ella.
El talento tiene corto recorrido, le digo. Y además, nunca podrás saber realmente cual es tu talento si no te esfuerzas por hacer aquello que te propongas. El trabajo te llevará mucho más lejos y será para toda la vida.
Hoy ha corrido el Campeonato Andaluz de cross, porque ella ha querido. 1700 metros que para ella son como una maratón. Dando todo lo que tenía, y entrando en un puesto 19 esprintando al final. Extenuada pero feliz, muy feliz, tan feliz, como yo cuando hice el récord del mundo máster

