232º fragmento -Lesión, pólipo, tumor, cáncer… ¿qué tengo?

Los pólipos de hace nada, los del colon, los “polios” a los que se refería aquella paciente asegurando que eran mucho peor que los pólipos… han dejado de serlo.

El cáncer, la palabra maldita, se difumina en eufemismos para no sentenciar a quien la escucha, pero es que, además, dejó de tener sentido referirse con ese nombre a un amplio espectro de malignidad que puede estar representado no por su tamaño, sino por su capacidad para enviar células más allá de donde nació.

Los tumores son bultos, son eso, algo que no debería crecer tanto en un sitio determinado, pero puede ser indolente, benigno para el público en general, porque crece lento, no afecta a estructuras vitales, no tiene capacidad de enviar células a distancia (= metástasis), y tal vez solo resulte algo antiestético, o molesto según su localización; o pueden, en el otro extremo, ser malos malísimos porque dejaron de tener apego por el sitio en el que asentaron, y enviaron mensajeros a distancia que crecieron afectando a órganos vecinos (= metástasis).

Así que, resumiéndolo mucho, un tumor maligno es aquel que tiene capacidad para metastatizar, para crecer donde no le corresponde, sin orden ni concierto, a una velocidad acelerada, unas células inmortales y amorfas que arrasan nuestro organismo como si fueran un tsunami.

Pero entre un tumor benigno, un bulto sin importancia, un pólipo que solo asienta sobre la mucosa (sin raíces), y un tumor que ya ha dado metástasis, hay todo un espectro. Desde la máxima bondad, al peor de nuestros enemigos, tenemos un camino en el que la probabilidad de que las células tumorales se hayan saltado nuestras defensas irá aumentando.

Un pólipo de colon es una lesión con mil nombres distintos teniendo en cuenta su morfología, su patrón mucoso, vascular, de pits, tamaño… con menor o mayor probabilidad de ser malo, a priori, según sus características.

Cuando hablamos de un pólipo malo, o que lo parece, es porque tiene algunos datos que nos hacen sospechar que así sea, pero solo se confirmará una vez se analice la biopsia, o el pólipo al completo cuando se ha extirpado (aunque la mayoría de las veces, la inmensa mayoría, no fallaremos cuando decimos que es bueno).

Un “pólipo malo” no sabremos cuanto de malo es hasta que no lo analicemos, hasta que no sepamos cuanto de profundo llegaron sus células (lo que llaman muchos, “las raíces”). Si se queda en lo más superficial, una vez quitado por endoscopia, se acabó. Si llega algo más profundo, habrá que quitar esa parte del colon en la que asienta para analizar la pared del colon en todo su espesor, y para asegurarnos de que las células no abandonaron su nido.

Lesión, tumor, pólipo (benigno/maligno), cáncer… palabras que a veces se entremezclan haciendo un auténtico lío al protagonista que nos intenta escuchar, y entender.

No sé si habré aclarado algo, o habré liado aun más, pero es que a veces, muchas, siento que cuando informo no me entienden o no se explicarme.

Deja un comentario