305º fragmento -Un poco más sobre el colágeno oral (de lo que me dijisteis) -viene del 304º-

A pesar de que los pocos que respondieron a la encuesta contestaron que no lo habían tomado o no habían encontrado mejoría, por mensajes privados muchos confesaron que lo tomaban y se notaban mejor de sus articulaciones. Me refiero otra vez a suplementos orales de colágeno.

La mayoría de los suplementos que lo tienen como estrella protagonista, están aliñados además con micronutrientes y otras sustancias con certeros y dudosos efectos sobre el dolor o la inflamación articular, así como implicados en la síntesis de colágeno.

Alguien me dijo que en la herboristería le habían recomendado tomar colágeno marino, porque se absorbía mejor que los de origen animal o sintéticos, que además tenían menor concentración del compuesto en cuestión y, por qué no, porque lo de que sea de origen marino, parece más beneficioso de primeras, y más de moda.

El colágeno, como tal, no se absorbe por nuestro sistema digestivo.

No se coge el colágeno que llega al tubo digestivo y se inserta directamente en el maltrecho tendón, o en el menisco, o en nuestro tejido celular subcutáneo para aumentar la tersura de nuestro cutis. Ojalá fuera así, sería más sencillo.

Eso sería algo comparable a teletransportarse.

No sé muy bien si para nuestro sistema digestivo será más o menos difícil deshacer los enlaces que unen los diferentes aminoácidos que componen la molécula de colágeno para poder ser translocados por nuestros enterocitos, desde la luz digestiva, a nuestro torrente sanguíneo, pero al final, esa es la forma en la que se absorbe cualquier proteína que ingerimos por boca (cualquiera): en aminoácidos.

Imagínate la proteína como si fuera una casa y a nosotros necesitando descomponerla en ladrillos (aminoácidos) para beneficiarnos de ella. No podemos trasladar la casa al completo, necesitamos desmontarla, y ya, una vez dentro, veremos que forma damos con los ladrillos que tenemos.

Qué quiere decir esto, pues que lo que limita que haya más colágeno en nuestro cuerpo, aparte de que la alimentación sea adecuada, con un contenido en macronutrientes adecuado y equilibrado (hidratos, proteínas y grasas) y de micronutrientes (minerales, vitaminas y otros compuestos) necesarios para llevar a cabo todos nuestros procesos metabólicos, es nuestra capacidad para producirlo. Así que, como los años pasan de forma inexorable, lo mejor que podemos hacer, es lo de siempre: cuidar nuestra funda (mientras que van descubriendo por qué nuestro organismo, en general, se va volviendo más perezoso).

Nosotros sintetizamos las proteínas que nos hacen falta a través de los aminoácidos (algunos de ellos esenciales, no sintetizables por nosotros mismos, y que por tanto, tenemos que tomarlos con la dieta), y con la colaboración de multitud de cofactores que intervienen en la producción de depende qué proteína (cada una necesita de sus “operarios”).

Aquí tampoco hay magia (aunque a mí si que me parece bastante mágico). Hay que alimentarse bien, tener un medio interno adecuado, evitar tóxicos y sustancias que interfieran en el correcto funcionamiento de nuestros procesos celulares y extracelulares, y dejar que nuestro cuerpo trabaje adecuadamente, rezando porque no tengamos ningún defecto en esta cadena de producción tan compleja.

Como he dicho antes, la mayoría de los suplementos que ponen al colágeno en su centro, suelen acompañarlo de otros micronutrientes y compuestos (magnesio, manganeso, MSM, vitamina C, ácido hialurónico, boswella serrata…, entre otros).

Hay muchísimas marcas con diferentes composiciones, pero muy rara vez se presentan solo como colágeno. Mi madre, con tanta fe en Ana María, probablemente ahorraría tomando magnesio, porque su queja fundamental son los calambres, y probablemente sea el Mg el que esté obrando el milagro contra su dolencia.

He visto qua hay mucha gente que me rodea con una fe ciega en “el colágeno que yo tomo, que es buenísimo”.

Tal vez sea el efecto placebo (muy importante y nada desdeñable en muchos medicamentos); el cambio de rutinas que acompañan al cuidarse porque articularmente no voy bien; al resto de compuestos acompañantes del suplemento; a, como dice mi hija, “yo lo visualizo, y lo consigo”…

Me sigue pareciendo curiosa tanta fe, a la vez qua necesaria. Tal vez también haya algo inexplicable.

Lo que está claro es que resulta bastante sospechoso que algo a lo que se le presupone tantas bondades no tenga un ensayo clínico que avale los resultados a gran escala, y que todo quede en pequeños ensayos de primera o segunda fase. Tampoco les hace falta para seguir vendiendo, claro.

Además, siempre resultó mas sencillo engañar, que convencer a alguien de que lo están engañando. Y ni siquiera estoy segura de esto.

Hoy empecé a tomar Flexín. Ya os cuento.

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