344º fragmento -No voy al master, pero entreno

Competir no había sido el objetivo inicial cuando empecé a correr de nuevo por la pista de tartán.

Empecé porque quería sentirme capaz. Había perdido capacidad. Me sentía físicamente mal, normal para las actividades de la vida diaria si nunca antes has practicado deporte, pero infinitamente mal para cruzar un semáforo echando a correr si alguna vez antes tuviste la sensación de poder arrancar a correr de repente sin tener ningún tipo de cuidado.

Mi cuerpo se quejaba y mi mente se iba marchitando. Esa era mi sensación justo antes de cumplir los 40.

En menos de una semana Daniela estará corriendo la semifinal de 800 del Campeonato de España sub18 en Málaga, y el resto de la familia estaremos nerviosos y como locos gritando desde la grada. Creo que mis nervios son mayores cuando corre ella que cuando corro yo. Debe ser porque siento que tengo menos control sobre lo que pueda pasar, porque luego tendré que hacer frente a su desánimo tras la derrota, o tras una carrera mala, o tras una caída, o tras otras mil cosas que se me ocurren, todas malas por supuesto, en una carrera que no será la mía.

Las mías, mis compañeras y contrincantes de 800, estarán en Alcobendas. Este año también coinciden los dos campeonatos de España, y yo no puedo faltar al sub18. Me siento más madre de atleta que atleta, y no podría estar en otro sitio que no fuera el estadio de Málaga.

Para mí, competir, no era la prioridad. Aunque me encanta.

Adoro ese examen final en el que demuestras todo lo que has entrenado al resto, pero sobre todo, a ti misma. Saber lo que eres capaz de hacer cuando las condiciones te exigen el máximo, cuando te pones al limite y obtienes el resultado que te puede llevar a replantearte si el esfuerzo mereció la pena, si hay que cambiar algo, o si sigues por el buen camino. La competición está llena de sensaciones indescriptibles, de tensión, de nervios, de boca seca y amarga, de corazón acelerado y creer que no estás ni para salir, o de sentirte mejor que nunca en el calentamiento.

Me da pena no estar en Alcobendas y haber decidido que mi temporada acabó ya. Estoy loca porque empiece la pretemporada.

Pero sigo entrenando.

Mi objetivo nunca fue competir, aunque a veces lo sea. Muchas veces.

Sigo entrenando porque el camino me encanta. Porque ahora, mi camino era acompañar a Daniela en estas semanas que le faltaban para llegar a su campeonato, y en estos últimos días, entrenando con ella, intentando que lo haga lo mejor posible, empujándole, echándole el aliento en el cogote en las series que aun le aguanto…

Mi objetivo, en estos días, en este fin de temporada, es ella, y la ilusión que supone eso es mil veces más grande que la pena de perderme mi campeonato de España master.

He pasado unas semanas difíciles después de estar mala con no sé que virus. He ido a entrenar casi arrastrándome sabiendo que no iba a competir, haciendo ejercicios para mejorar mi glúteo, haciendo series que me devuelven la esperanza en mejorar…

Hoy, por fin, me encuentro otra vez con energía.

Venga, que nos vamos de series.

En un rato, otro entrenamiento para la saca. Un poco mas cerca de ese pistoletazo de salida del 800 que ella correrá en el tartán, y yo desde la grada, probablemente en la curva del ultimo 150 (si me dejan).

¡Vamos!

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