345º fragmento -El agosto necesario: bienvenidos 47.

Si pudiera elegir libremente, agosto no sería mi mes de vacaciones, pero este año lo es, y era absolutamente necesario que lo fuera. Julio se hizo largo.

Julio pasaba con demasiado trabajo, demasiado calor, demasiado pesar…

Demasiado dolor muscular y articular… todo se hizo demasiado, y sin embargo, nada pudo remediar que terminara y diera paso al mes de agosto, el mejor mes del año, el de mi cumpleaños.

Llevo más tiempo entrenando como atleta máster que lo que entrené como atleta con futuro prometedor que jamás pasó de eso, y cuando lo pienso, me da pena no haber tenido la determinación que ahora tengo para seguir mejorando cada día. “Consistency”, eso de lo que hablan los deportistas que persiguen un sueño, eso tan necesario para cualquiera que quiera obtener un logro (deportivo o no).

Un dolor se ha hecho persistente. Ya soy capaz de localizarlo bien, sin ninguna duda. Comenzó de forma difusa: que si era el piramidal, que si era el glúteo medio, que si el síndrome del dolor profundo de glúteo… Es la inserción proximal de mis isquiotibiales izquierdos, o es casi toda la cadena posterior de mi ahora maltrecho miembro inferior izquierdo. Ahí se centra mi pesar físico persistente, ese que solo me deja correr con la sensación de ir coja, de ir con un pellizco cogido por debajo del glúteo, el mismo que no me deja salir corriendo de repente cuando no llego a una bola que Claudia me ha tirado jugando a las palas en la playa, el mismo que me recuerda que saltar para tirarme de cabeza va a ser doloroso, el que se incrementa cuando paso por la zona arenosa del camino que va del pueblo a las salinas de Cabo de Gata, el que a veces incluso se hace presente cuando empiezo mi ritual de sueño sobre el lado derecho de mi cuerpo… de momento desaparece y se mantiene oculto en reposo. De momento, parece que lo hemos frenado con los ejercicios que voy haciendo con Pau, de momento, mantengo la esperanza en que la fuerza equilibrará lo desequilibrado y que los ejercicios que Mayte me mandó por vídeo con voz en off también contribuirán a sanar el daño.

Me imagino un proceso de más de dos años entrenando casi como una atleta pseudoprofesional con toda la carga adicional, sin tener en cuenta desequilibrios y malos movimientos, sin mirar al futuro en el que el cuerpo, o parte de él, comenzaría a resentirse. Y ahora toca arreglarlo.

Tengo que tener paciencia. Poco a poco, confiando.

Agosto comenzó en el Cabo, entre olas de sal, viento del sur, y olimpiadas en el móvil.

Todos los deportes acapararon nuestra atención, pero el atletismo nos tuvo absortas, pegadas a la tele, independientemente de que el mar estuviera en calma para salir con la tabla, o lleno de olas enfurecidas con las que lidiar.

Agosto me trae unos 47 que parece que vaya a cumplir otra, porque yo ni los siento ni me los creo, y sin embargo están.

Tal vez el dolor de tobillos y el sonido de chasquidos submarinos de los hombros durante el buceo sean una certeza de que me pertenecen, de que esos años si son míos y están siendo bienvividos. Y no es que me revele al paso del tiempo ni quiera no cumplirlos, pero es que quiero seguir bailando como hasta ahora un ratito más.

Sigo de vacaciones.

Aun queda lo mejor.

Bienvenidos, 47.

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