346º fragmento -Volviendo a lo esencial

En la mitad de los ratos muertos de los días que pasamos en Francia, al sur, cerca de los Pirineos, rodeados de verde y frescor y alejados del calor y todas las comodidades de nuestra casa…, me leí con atención el libro que ahora odian mis hijas. Puede que mi marido también.

Para mi cumpleaños pedí dos libros: uno que resultó no ser lo que esperaba, demasiado conocimiento superficial; y un segundo, que me encantó, el mismo que odian mis hijas. Y Alex.

Dice una revisión no sistemática de la literatura científica publicada este mismo año (lo acabo de sacar de pubmed), que en un estudio realizado por la empresa Market Research Report, el mercado de la leche libre en A1 (A1 milk free), que se estima que en el año 2.023 era de 1,23 billones (estadounidenses) de dólares, crezca hasta los 2,07 billones en 2.029.

Nunca había oído hablar de la versión A1 o la versión A2 de la beta-caseína (hay más), una de las principales proteínas de la leche, de vaca o no, hasta que leí el libro “Alimentación Evolutiva para Deportistas”, el odiado por el resto de la familia.

Estas dos variantes genéticas de beta-caseína se diferencia en solo una posición de su cadena de aminoácidos, y sin embargo, ese simple cambio, las hace tan diferentes como para comenzar a plantearse que muchas de las malas digestiones achacadas a la ingesta de leche puedan deberse a ellas. Y es que en España, prácticamente toda la leche procedente de las vacas es de la variante A1, que no es que sea mala, pero que ya empieza a publicarse que puede que no sea tan buena como la A2, que es la predominante en las vacas francesas (que coincidencia que yo estuviera de vacaciones por este país) y en el resto de ganado no bovino del mundo.

Así que en breve nos inundarán con información acerca de lácteos “A1 milk free” (libres de beta-caseína A1), que por supuesto necesitarán de un certificado de calidad, para que veamos otra forma sencilla de mejorar nuestra salud. No tardarán, porque eso es un nicho de mercado bastante bueno para todos aquellos que apuestan por una nutrición lo más saludable posible en un mundo en el que triunfan los alimentos procesados y nos fiamos más de un Nutriscore A (verde) que de un producto no procesado directamente llegado de la huerta o de la granja.

Me dan ganas de comprar acciones de COVAP, que he visto que ya anuncia su leche de vaca A2 en su página web.

Fuera de bromas (o no), a mí me parece que la leche que tomamos ahora en nada o poco se parece a la que traía el lechero a mi casa cuando yo no contaba con más de 8 años y le abría la puerta a un hombre ni joven ni viejo, sudoroso, que intentaba tapar su calva con los cabellos que se había dejado largos en uno de las sienes, y que acarreaba lecheras de metal enormes mientras mi madre sacaba una olla que él llenaba con no sé cuantos cazos roídos de cerámica, y un olor agrio se colaba por toda la casa. Luego, mi madre la hervía y retiraba la nata. A veces se la comía, y a mí me daba un asco que me moría. La leche sabía a leche, y no nos importaba para nada su contenido en grasa, en proteínas, en azúcares, ni mucho menos si la beta-caseína tenía un aminoácido u otro en la posición 67.

Las cosas simplificadas tal vez sean más fáciles.

Naiara manda vídeos desde NY donde es mucho más barato comer un banquete de productos procesados que una tajada de sandía, y me alegro aun más de vivir en Almería.

Tal vez deberíamos olvidarnos de mirar Nutriscores y comer de aquellos productos que no necesitan de un algoritmo que los evalúe para saber que son buenos, que vengan directos de la huerta o de la granja, de cercanía, sin procesar, todo aquello que no necesite de etiquetas, ni que te prometan disminuir tu colesterol o aumentar la densidad de tus huesos…

Quizás lo que hay que hacer es volver a lo más simple, a lo esencial.

Aunque si te sienta mal la leche de vaca, podrías probar la de cabra.

3 comentarios en “346º fragmento -Volviendo a lo esencial”

Deja un comentario